Él estaba completamente sumergido en el dolor y la culpa.
Pero Sofía no se inmutó.
Leandro siguió la mirada de la mujer. No era de extrañar que lo estuviera ignorando; en el monitor de seguridad acababa de aparecer Lorenzo.
Tal vez era el ángulo de la cámara lo que le alargaba el rostro, o quizás el dolor de creer que Sofía estaba muerta lo había consumido, dándole un aspecto cadavérico.
Lorenzo llevaba una ropa deprimente.
Vestía completamente de negro, con prendas sin forma que parecían una tela de saco tirada sobre sus hombros; ropa negra de luto puro.
Con ambas manos, en una postura de reverencia absoluta, sostenía un fino plato de cerámica blanca mientras avanzaba hacia la mesa.
Dejó el plato con cuidado milimétrico y acomodó unos cubiertos junto a él.
[¡Papi, ya trajiste el plato de mamá! —celebró Ana, dando brinquitos cerca del comedor.]
Lorenzo tenía una expresión fúnebre, de auténtico velorio. Su voz sonaba ronca, destrozada.
Tras acomodar la vajilla, giró el rostro hacia Ana y le explicó:
[Es el lugar de mamá. Ella siempre estará con nosotros en esta mesa.]
Ana levantó su carita inocente.
[¿Mamita va a venir a cenar con nosotros?]
Lorenzo se quedó inmóvil, paralizado por unos segundos.
Luego, se agachó y tomó a la niña en brazos.
Hundió su rostro en los suaves rizos oscuros de su hija.
Al estar de espaldas a la cámara, su columna se veía encorvada, temblando visiblemente... como si estuviera llorando a mares.
Leandro se acomodó las gafas.
Aunque su visión estaba fallando terriblemente, logró captar a la perfección esa escena que le revolvió las entrañas.
Apretó los dientes en la oscuridad.
Como siempre, recurrió a su vieja técnica de autoengaño.
No importaba.
Que Lorenzo se volviera loco y llorara como un niño, no era su problema.
Era un hombre adulto, alto y fornido; sufrir un poco no iba a matarlo.
Lo único que le importaba era que Sofía le perteneciera a él.
Leandro se quitó los lentes, negándose a mirar a su rival en la pantalla. Estiró el brazo y rozó sutilmente la cintura de Sofía.
—Dime la verdad... ¿Lo extrañas?
Sofía dio un salto en su lugar, como si la hubieran quemado.
No dijo una sola palabra.
En completo silencio.
Se alejó hacia donde estaba la enorme olla, levantó la tapa y golpeó suavemente las cáscaras de los huevos hervidos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...