La dulzura de la niña traspasaba la pantalla.
—Nuestra hija es preciosa. ¡Jajaja! —Leandro soltó una carcajada espontánea.
Inclinó su gran cabeza para acercarse a Sofía.
—Sofía, dime, ¿qué milagros comiste durante el embarazo para darme una princesa tan perfecta?
¿Acaso era un tema que él tuviera derecho a mencionar?
Sofía lo ignoró por completo.
En la pantalla, apareció Sebastián. Hoy lucía especialmente guapo; llevaba un elegante traje a la medida que lo hacía ver como un pequeño caballero.
En sus manitas sostenía unos hermosos carteles con decoraciones de Nochebuena.
Ana dio saltitos hacia él y le preguntó con curiosidad:
[¡Hermanito! ¿Tú escribiste eso?]
[Sí] asintió Sebastián con total seriedad.
[¿Ya los vamos a pegar en la puerta?]
Sebastián comenzó a explicarle como todo un profesor.
[La abuela está preparando el engrudo. Cuando termine de hervirlo, los pegaremos.]
Ferrer pasó por ahí sosteniendo unas ramas de pino para adornar. La cachorrita Estrellita corría dando vueltas alrededor de sus pies. Él sonrió al verlos.
[Sebastián, en la casa tenemos pegamento normal.]
El niño le respondió con tono solemne:
[La abuela dice que debemos experimentar nuestras tradiciones. Las familias siempre han preparado engrudo en casa para pegar los adornos de Fin de Año.]
Celeste entró en el cuadro de la cámara acomodándose el delantal alrededor de su robusta cintura.
[A ver, muéstrale a la abuela Celeste cómo te quedaron las letras.]
Estiró su mano regordeta para tomar los carteles mientras hablaba.
[Apenas estás aprendiendo a escribir, mi cielo. Si la letra salió un poco chueca, mejor no los pegamos en la puerta principal. Los vecinos van a pasar por ahí y no queremos que vean algo feíto.]
¡Plaf!
Ana levantó sus bracitos para quitarse un lazo rojo que le había caído en la frente.
Corrió a abrazar las piernas de Celeste, frunciendo el ceño con indignación.
[¡¿Entonces mi hermanito trabajó para nada?!]
[¡Se esforzó muchísimo, abuela Celeste!]
[¡Claro que no! —dijo Celeste golpeándose el pecho con orgullo—. A mí me encantan. A la puerta de mi cuarto le faltan adornos, los pondremos ahí.]
¡Jajajajaja!
Leandro no paraba de reír de pura felicidad.
—Sofía, eres increíble. Has construido un hogar tan cálido y lleno de vida. De solo verlos, me dan ganas de meterme a la pantalla para ser parte de la familia y pasar todos los días con ustedes.
Sofía le lanzó una mirada fulminante.
¡Sigue soñando!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA
Porque no se pueden desbloquear los capitulos? Siempre sale error...
Que horrible, tan pocos capítulos diariamente, que le pasa al escritor, que no puede terminar un libro de una vez???...