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VOLVÍ PARA COBRAR CADA LÁGRIMA romance Capítulo 889

Sofía lo observó de reojo.

Soltó un largo suspiro.

Dejó el huevo a medio pelar, se puso de pie y arrastró la pequeña mesa redonda hasta pegarla al borde de la cama, para seguir trabajando cerca de él.

—Qué considerada eres —dijo Leandro, sintiendo que el corazón se le derretía como miel.

Mientras masticaba, no apartaba los ojos del rostro de Sofía.

Quería contemplarla sin perder detalle.

Quería absorber cada una de sus facciones y guardarlas para siempre en su memoria.

Luego, alzó la vista hacia el monitor y observó la transmisión en vivo. Contempló a su hijo y a su hija.

Estar en la misma habitación, viendo a su familia completa, le hizo sentir que su vida ya había alcanzado la perfección.

Poco después, tres de los guardaespaldas y Benito irrumpieron en la habitación para ayudar.

Los tres escoltas se unieron a la cadena de producción pelando huevos, mientras el otro, que había sido cocinero en el ejército, se hizo cargo de la sartén para extraer el aceite de yemas.

Cuando todo estaba encaminado, Sofía salió de la habitación para traer vendas.

Leandro despachó a los tres escoltas de inmediato.

Se dio la vuelta, se reclinó contra las almohadas, y clavó una mirada gélida en Benito, que estaba frente a la sartén.

—Dime, ¿qué le dijiste exactamente a Sofía?

Benito sintió un nudo en el estómago y no se atrevió a darse la vuelta.

—¿Qué le dije de qué?

Los ojos de Leandro se afilaron como cuchillos, dispuestos a atravesarlo.

—Estaba decidida a irse, y de repente volvió corriendo a buscarme. Si cambió de opinión, tiene que haber un motivo.

Ejem...

Qué hombre tan perspicaz.

Pero...

Incluso si le tocaba violar su código de ética profesional y "traicionar" a Leandro, no pensaba confesarle que le había revelado la verdad sobre las córneas.

En el estado actual de Leandro, saber que Sofía estaba allí por pura culpa podría matarlo.

Benito respiró hondo, reuniendo todas sus fuerzas para mantener la compostura.

—Ahí tienes tu respuesta. Volvió para cuidarte.

Leandro no parecía convencido.

—Estaba furiosa. Yo no podía detenerla de ninguna manera.

—¡Hombre, por favor! ¡Te acababas de achicharrar el brazo! Tu vida corría peligro, la situación cambió de golpe —improvisó Benito—. Cuando la alcancé, estaba llorando a mares. Tenía el corazón destrozado de verte sufrir.

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