Al ver que el hombre no respondía y sentir el aura gélida y sombría que lo envolvía, peligrosamente intensa, Mauricio continuó.
Mauricio, analizando con calma todo lo que había ocurrido hasta el momento, dijo:
—Llegados a este punto, señor, quizás debería aprovechar la oportunidad para revaluar su relación con la señorita Rafaela.
—Una propuesta de matrimonio puede hacerse en cualquier momento, pero para el puesto de matriarca de la familia Huerta, le ruego… que lo piense con mucho cuidado, señor.
—Nadie puede predecir la naturaleza humana, y no es algo con lo que se pueda apostar…
Por muy poderosa que sea la familia Jara en Floranova, no se compara con el inmenso poder de la familia Huerta.
Una vez que una persona se corrompe y se acostumbra a usar el poder para hacer cosas extremas, no hay vuelta atrás. Se convierte en una adicción…
Y a juzgar por el historial de Rafaela, esta señora ciertamente no es una persona precisamente “buena”…
Rafaela había ido a un supuesto concierto de la filarmónica, pero a los pocos minutos de sentarse, la inquietud no la dejó en paz. Se fue, pensando en ir a buscar a Liberto para averiguar qué demonios había estado haciendo todo este tiempo.
Al salir, se equivocó de piso en el elevador y, para su sorpresa, se encontró con Ximena…
La puerta del reservado no estaba bien cerrada. Rafaela solo vio un perfil familiar, una mujer sentada en el regazo de un hombre, moviéndose rítmicamente. No fue hasta que ella empezó a decir cosas que harían sonrojar a cualquiera que Rafaela estuvo segura de que era Ximena.
—Si Liberto está aquí, Rafaela también debe de estarlo… —escuchó que decía—. Esto no es como en casa. Voy a hacer que pruebe un poco de todo lo que yo he sufrido aquí. ¿Por qué ella puede vivir como una reina mientras yo… tengo que rebajarme a esto? Rafaela… ya veremos.
Rafaela le preguntó a su guardaespaldas y se enteró de que el hombre mayor con el que estaba Ximena era el pez gordo de la mafia local, un tipo de los que no se andan con rodeos. Ximena nunca imaginó que Rafaela escucharía sus palabras.
Y por eso ocurrió todo lo de hace un momento.
***
—No sé qué habrá pasado, pero de repente están desmontando el lugar que habían preparado para la pedida de mano.
—Sí, oí que el dueño le echó muchas ganas, que él mismo lo arregló todo poco a poco.
«¡Rafaela! ¿Por qué nunca aprendes la lección?».
«Para él, siempre has sido la peor de las villanas».
«¿Por qué… prefieres proteger a Ximena?».
«Liberto, te lo dije… esta era la última vez».
En la suite presidencial del piso más alto de la torre central de Liaskó, Saúl Huerta estaba sentado en un sofá con una copa de vino tinto en la mano. El líquido rojo se agitaba suavemente mientras él observaba el monitor más grande frente a él, que mostraba la imagen de una cámara de seguridad: un sedán negro saliendo del complejo de entretenimiento.
Liberto preguntó:
—¿Fue idea tuya?
Saúl se inclinó para dejar la copa de vino y continuó mirando el monitor. Rafaela intentaba irse, pero los guardaespaldas le bloqueaban el paso. Una escena inquietantemente familiar, la misma que le había ocurrido a la hija de Abril…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Venganza Reencarnada de la Rica Heredera
Excelente novela...