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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 911

—Si no hubiera venido hoy y me la hubiera topado, ¿no pensabas decirme que Ximena Gómez estaba aquí?

—Liberto Padilla… ya fue suficiente, ¡hasta aquí!

Esta frase también parecía insinuar algo.

Rafaela Jara ya no tenía ganas de decir nada más. Ella… ¿qué era lo que seguía esperando de él?

Se dio la vuelta, pero Liberto la sujetó de la muñeca. Con sus ojos oscuros fijos en ella, preguntó:

—¿Solo estás contenta cuando te dejo hacer lo que se te da la gana?

Rafaela bajó la vista hacia la mano que la sujetaba. Tras un largo silencio, soltó una risa ligera.

—Liberto… ¿cuánto crees que me conoces? —Aunque sonreía, sus palabras estaban cargadas de decepción hacia él y de un profundo agotamiento.

—Tres años…

—No nos acabamos de casar. —El rabillo de sus ojos se enrojeció ligeramente. Esbozó una sonrisa fugaz, reprimiendo todas sus emociones, mientras las yemas de sus dedos temblaban a su costado—. Y en estos tres años hemos sido como extraños bajo el mismo techo. Piensa que fue una pendejada de mi parte venir a buscarte.

—Liberto… ¡por qué no te mueres de una vez!

La profunda mirada de Liberto se ensombreció.

—¿Y si me muero, te irías a buscar a Miguel?

Rafaela respondió:

—¡Sí!

«Liberto, yo no soy tu primera opción. Y mi primera opción… tampoco serás tú».

Rafaela le decía palabras crueles, pero insultarlo no aliviaba mucho su propio corazón. Él ni siquiera preguntaba qué había pasado, ¡simplemente defendía a Ximena!

De repente, sintió una punzada en el pecho… Un dolor que creyó que nunca volvería a sentir. Un dolor que él le había causado.

—Parece que me he estado haciendo ilusiones. —Su voz era fría hasta los huesos, y sus ojos oscuros se clavaron en la espalda de ella mientras se marchaba sin piedad.

Rafaela apartó la vista y la bajó lentamente. Sus largas pestañas temblaron, proyectando una sombra bajo sus ojos. Su rostro no revelaba la más mínima emoción…

Mauricio vio salir a Rafaela y entró.

—Ya llevaron a la señorita Ximena a una habitación para que descanse.

—El doctor le inyectó un sedante. La señorita Ximena ha sufrido un golpe muy duro últimamente, es posible que necesite tomar medicamentos psiquiátricos.

—El médico confirmó que hay rastros de agresión en el cuerpo de la señorita Ximena, con algunas heridas y desgarros, como si hubieran sido producto de un forcejeo.

—Después de más de un mes de tormento psicológico, su recuperación es… incierta.

—No pensé que la señora fuera capaz de hacer algo así. —«Realmente mandó a que agredieran a la señorita Ximena».

La imagen de los ojos desolados de Rafaela no se apartaba de su mente. Una oleada de frustración lo invadió, amenazando con consumirlo por completo.

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