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Venganza Reencarnada de la Rica Heredera romance Capítulo 1080

—¿Penélope? —preguntó Vanessa.

Antes de que Raúl terminara de atar el hilo, Penélope escuchó una voz conocida. Retiró la mano y giró la cabeza hacia la persona detrás de ella.

—¿Señora Vanessa? ¿Qué hace usted por aquí?

Vanessa esbozó una ligera sonrisa.

—Vine a pedir un amuleto para mi hijo, para protegerlo de la mala gente, y de paso... para ayudarle a limpiar su camino de amores que no le convienen.

—¿Y él es...? —preguntó Vanessa, mirando a Raúl.

—Él es mi prometido, ya le había hablado de él, señora Vanessa. Se llama Raúl —presentó Penélope.

Vanessa observó a Raúl de arriba a abajo y asintió satisfecha.

—En cuestiones de amor, lo importante es que ustedes sean felices. Hacen muy bonita pareja.

Penélope forzó una sonrisa, pero Vanessa notó su ligera reacción; la sonrisa no llegaba a sus ojos, y no parecía nada feliz.

—Bueno, no los interrumpo más.

—Bajaré primero.

Penélope asintió.

—De acuerdo, señora Vanessa.

Fueron al Puente de la Longevidad. Raúl fue a comprar agua, y al regresar vio a la chica parada al borde del puente, sumida en sus pensamientos. Instintivamente, sacó el celular y le tomó una foto.

En la foto, la chica con su largo cabello lacio y oscuro lucía inocente y pura; tenía un rostro tierno que cualquier hombre grabaría en su corazón.

Raúl se acercó y la abrazó por la espalda.

—¿Qué miras tan concentrada?

Penélope sacudió la cabeza.

—Nada. Mejor bajemos la montaña. Si se hace de noche, será peligroso caminar.

—¡Ay, qué haces! Qué malo eres... —se escuchó cerca de ahí. Raúl miró a su alrededor y vio a varias parejas besándose en el puente.

Raúl la miró con profundo afecto; en sus ojos asomaba el deseo.

—De acuerdo, Raúl, ten mucho cuidado.

Pero apenas Raúl se alejó, otro delincuente salió de las sombras.

—Niñita, ¿nunca te enseñaron que no debes meterte en lo que no te importa si no quieres perder la vida?

Vanessa miró con terror al hombre armado con un cuchillo.

—Maldita bruja, hoy arreglaremos las cuentas pendientes.

—¡No! —gritó Penélope.

Cuando el delincuente se abalanzó para apuñalar a Vanessa, Penélope corrió y la cubrió con su cuerpo...

—¡¿Qué están haciendo?! —gritó un guardia de seguridad que llegó corriendo y vio la escena.

El delincuente sacó el cuchillo rápidamente y huyó despavorido.

Ante la rapidez de los hechos, Vanessa apenas pudo reaccionar cuando sintió algo cálido y húmedo en la mano con la que sostenía la espalda de la chica. Al levantar la mano, el color oscuro de la sangre le cegó la mirada.

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