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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 159

Apenas se había recostado para descansar un momento cuando el timbre de la puerta principal rompió el silencio.

La empleada fue a atender y, al regresar, le informó que había un hombre afuera asegurando ser su esposo y que insistía en verla.

El rostro de Hanna se ensombreció.

Quedaba claro que Luciano había usado su estatus de esposo para rastrear las propiedades a su nombre y así encontrarla.

Hanna había supuesto que él estaría ocupado lidiando con los dramas de Rocío por un buen tiempo, pero había aparecido demasiado pronto.

No tenía idea de qué pretendía. Hacía apenas unas horas se había arrodillado frente a ella rogando clemencia para salvar a esa mujer de la cárcel, mostrándole una faceta completamente patética. ¿Y ahora quería hablar con ella?

Estaba exhausta y no tenía ganas de verlo, así que le ordenó a la empleada que lo despachara.

Afuera, Luciano sintió una opresión en el pecho, como si le hubieran dado una bofetada. Había creído que, al desquitarse con Rocío, Hanna daría el asunto por terminado. Además, al investigar, comprobó que ella no tenía a ningún otro hombre en su vida, lo que en su mente significaba que solo le estaba dando una lección. Y él estaba dispuesto a aceptar su error; de hecho, hacía tiempo que sabía que se había equivocado.

En la cena familiar ya había prometido mandar a Rocío al extranjero y no volver a verla nunca más, pero Hanna se negó a creerle.

Desde entonces, sin importar cuánto intentara convencerla de retomar su matrimonio, ella siempre se mostraba evasiva.

Desesperado, tomó el teléfono de su asistente y comenzó a mandarle mensajes.

*«¿Podemos vernos un momento? Sé que me equivoqué. Las piernas de Rocío están perfectamente bien; todo fue un engaño. Fui a buscarla para que se hiciera el procedimiento y huyó corriendo. Solo vine a explicarte esto. Jamás volveré a involucrarme con ella. Por favor, Hanna, déjame verte».*

*«¿Qué es lo que quieres? ¿Acaso intentas volverme loco? ¿Sabes que llevo días buscándote por todas partes, como un desesperado? ¿Quieres matarme de agotamiento?»*

*«¿De verdad estás dispuesta a tirar a la basura todos estos años de relación? Me niego a creerlo. A menos que me mires a los ojos y me digas en mi cara que ya no me amas».*

*«Amiga, Luciano es de lo peor. Cada vez que me reúno con sus abogados, salen con el cuento de que ‘el vínculo matrimonial no está roto’. ¡Hay pruebas claras de infidelidad! Pero se escudan en ese tecnicismo legal para trabar todo el proceso».*

Preocupada, Isabel añadió:

*«¿Dónde estás ahora? ¿Quieres que vaya a hacerte compañía?»*

La abogada no pudo evitar imaginarse a un hombre despechado capaz de recurrir a la violencia o al acoso extremo:

*«Estudié defensa personal por unos años. Sabiendo lo poco hombre que es Luciano, me da miedo que intente hacerte algo».*

Hanna pensó que era una buena idea. Tener a Isabel en casa no solo le daría tranquilidad para disfrutar de su nuevo hogar, sino que la ayudaría a despejar su mente, así que le envió la ubicación de inmediato.

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