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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 160

Hanna invitó a Isabel Torres para que pudieran conversar tranquilamente.

Isabel llegó poco después, y ambas se sentaron en los cómodos sofás frente al inmenso ventanal. La ubicación de la villa era perfecta; la vista a la bahía era algo de lo que uno jamás podría cansarse.

—Ayer, todos los invitados recibieron notificaciones confidenciales de Luciano y de los organizadores del evento —comentó Isabel—. Al final, lograron contener el escándalo y evitar que la noticia se filtrara a los medios.

Hanna asintió, comprendiendo la situación. Después de todo, se trataba de personas de la alta sociedad que preferían mantener las apariencias.

—Entonces, ¿qué piensas hacer ahora? —preguntó su amiga.

Ante la pregunta de Isabel, Hanna suspiró y negó con la cabeza.

—Él se niega a firmar. Don Ricardo fue muy claro: si nos divorciamos, le quitará el puesto de heredero.

—Todo se reduce al poder, ¿no es así? —dijo Isabel con ironía.

—Exacto —asintió Hanna—. Y además es tan egocéntrico que, por más que se lo diga, no puede asimilar que realmente quiero dejarlo. Sigue pensando que esto es solo un berrinche. La única forma de que me crea será cuando le tire los papeles del divorcio en la cara.

Los ojos de Isabel brillaron con entusiasmo.

—Muero de ganas de ver su reacción cuando llegue ese día. Será un espectáculo glorioso. Pero si ya lo tienes claro, ¿qué es lo que te preocupa?

—Me da miedo que empiece a acosarme y no me deje en paz —confesó Hanna—. Para serte sincera, después de tantas decepciones y problemas, no quiero gastar un minuto más de mi vida en él. Solo quiero mi divorcio y estar lo más lejos posible. Si decide casarse con Rocío o formar una familia con ella, no podría importarme menos.

Nunca la habían querido. Solo la toleraban y fingían aprecio por el bien y la estabilidad del corporativo.

Hanna tomó una decisión firme.

—Si Luciano se entera de que no perderá su posición en la empresa, seguramente dejará de acosarme. Mataría dos pájaros de un tiro.

En ese momento, Luciano estaba usando su derecho como esposo para rastrear los movimientos y propiedades de Hanna, lo cual era una invasión que no podía tolerar más.

Estaba convencida de que su terquedad nacía del miedo a perder el poder. Sumado a las veces que Rocío había intentado arruinar sus proyectos, Luciano ahora creía que necesitaba el talento de Hanna para asegurar su imperio y, por eso, no quería soltarla. Pero si ella garantizaba que no afectaría los acuerdos comerciales y Don Ricardo le aseguraba su futuro como líder, Hanna sabía que él terminaría aceptando el divorcio sin pelear.

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