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Tu desprecio fue mi suerte: En los brazos del hombre que te arruinó romance Capítulo 158

—Mientras tú desperdiciabas tu tiempo poniéndote ropa ridícula, Hanna ya era la principal accionista de una empresa en la bolsa. Aún no entiendes por qué no puedes atrapar a un buen esposo: porque ningún heredero de verdad se casaría con un jarrón decorativo como tú.

—Te crees muy lista lamiéndole las botas a Rocío para acercarte a los Quintana, ¿y ni siquiera te has dado cuenta de que ellos la desprecian por completo?

—Todo lo que ella usa, desde los zapatos hasta la ropa, ha salido de mi bolsillo. ¿Y por qué crees que pude mandar a golpear a su padre? Porque es otro parásito inútil que también vivía de mi dinero.

—Gustavo fue el culpable de que no pudiera arreglar las cosas con Hanna, así que le di una lección.

—Y escúchame bien, Tatiana: si vuelves a entrometerte en mi matrimonio, te aseguro que correrás con la misma suerte que el padre de Rocío. ¿Crees que me temblará la mano para hacerte pagar?

Tatiana abrió los ojos de par en par, con la boca entreabierta y el rostro pálido como un fantasma. No se atrevió a pronunciar una sola palabra.

La familia Soler era apenas un linaje menor que sobrevivía gracias a la influencia de los Larios. Luciano podía aplastarla como a una hormiga si así lo deseaba. Podía arruinarla económicamente en un abrir y cerrar de ojos.

Durante años, amparada en su amistad con Rocío, había tratado a Luciano con arrogancia, convencida de que Rocío pertenecía a una clase social muy superior a la de él.

Pero al escuchar la verdad —que Rocío le había estado mintiendo todo este tiempo y que no tenía un centavo—, el pánico se apoderó de ella. Tan abrumada estaba que perdió cualquier interés en la alfombra roja, especialmente después de semejante caída.

Corrió a refugiarse en su camioneta blindada y, una vez adentro, rompió a llorar desconsoladamente.

Luciano, por fin, veía las cosas con claridad.

Nunca debió permitir que los caprichos de una mujer como Rocío destruyeran su vida junto a Hanna. Era cierto que ella le había salvado la vida en el pasado, pero él ya le había pagado con creces; la había colmado de lujos y dinero mucho más allá del simple agradecimiento. No estaba dispuesto a sacrificar nada más.

En ese instante, su única prioridad era encontrar a Hanna y explicárselo todo.

La buscó en todos los lugares imaginables: en su cafetería favorita, en el apartamento que le había comprado a su abuela cerca del hospital, en cada rincón de su antiguo vecindario, en los supermercados que solía frecuentar e incluso en el edificio de Sistemas Fotónicos.

Pero Hanna parecía haberse esfumado. No había rastro de ella.

Al intentar llamarla, descubrió que lo había bloqueado.

Sus mensajes tampoco llegaban. No tenía forma alguna de comunicarse con ella.

—Señora, bienvenida. Permítame ayudarle con su bolso —dijo la mujer con amabilidad.

Tras dar un pequeño recorrido, Hanna notó que, a pesar del valor estratosférico del lugar, la decoración interior no estaba saturada de lujos ostentosos.

Predominaban los tonos sobrios, grises y negros, con un diseño minimalista. Sin embargo, los cuadros y detalles decorativos hablaban sutilmente del exquisito gusto de su antiguo dueño.

Los inmensos ventanales de piso a techo eran simplemente espectaculares. Desde la sala principal se dominaba toda la bahía. Al ser de noche, las luces de los yates y los cruceros brillaban como estrellas navegando hacia el mar abierto.

Solo esa vista era suficiente para enamorar a cualquiera.

Amaba esa sensación de libertad infinita y esperanza que el lugar le transmitía.

Desde que recuperó Trueno Games, sumando los dividendos mensuales y la salida a bolsa de su compañía, se había convertido de la noche a la mañana en una mujer de negocios con una fortuna multimillonaria. Por fin estaba disfrutando de su anhelada libertad financiera.

Su única preocupación en ese momento era una sola: conseguir el divorcio de Luciano.

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