—Llevas dos años casado y lo hemos hecho 666 veces.
—Vidal, ¿tú crees que Selena lo sabe?
Una voz melosa, cargada de coquetería, se coló por la rendija de la puerta.
Selena Serrano se quedó paralizada. La sangre se le heló en las venas.
Había llegado a la oficina de Vidal Paredes llena de alegría, dispuesta a contarle que finalmente había recuperado la audición.
Nunca imaginó que lo que escucharía sería la prueba de la infidelidad de Vidal.
Y la amante no era otra que la hermanastra adoptiva de Vidal. ¡La misma culpable de dejar a su hermano en estado vegetativo, Mireya Soria!
Selena bajó la mirada.
Así que eso era volver a oír... y dolía más de lo que jamás imaginó.
Desde adentro siguieron llegando voces y ruidos, uno tras otro, sin darle tregua.
Con la voz temblorosa, Mireya dijo: —Vidal, ya llevan dos años de casados y aun así vienes a buscarme todas las noches. ¿Por qué no intentas arreglártelas con Selena, aunque sea un poco?
Una voz que ella no había escuchado con tanta claridad en años, despojada ya de la inocencia infantil y cargada ahora de un tono grave y sensual, respondió: —Selena está sucia.
Mireya soltó una risita coqueta y provocativa. —Claro. Selena ya estuvo con ese viejo... seguro que ya quedó toda usada.
Selena apretó los puños con fuerza.
El frío contacto de su anillo de bodas se extendió por todo su cuerpo.
¿Sucia?
Vidal la había llamado sucia.
Selena separó los labios y esbozó una sonrisa muda.
Se había vendido a sí misma por esos cinco millones... los mismos que le sirvieron a Vidal para poner en marcha su negocio.
Su mano, que sostenía el pomo de la puerta, cayó sin fuerzas.
Con los dedos temblorosos, sacó su teléfono, activó la cámara y lo deslizó por la rendija...
Grabó la evidencia que probaba la infidelidad de Vidal.
Selena retrocedió dos pasos, tambaleándose.
Se dio la vuelta con determinación y se marchó.
En el taxi, de regreso a casa.
Su teléfono vibró.
Sacó el teléfono, miró la pantalla y respiró hondo, obligándose a contener las lágrimas atoradas en la garganta, antes de contestar: —Mamá.
Raquel Ibarra preguntó: —¿Llevas puesto el audífono? ¿Vidal está contigo? Pregúntale cuándo va a transferir la segunda fase de los fondos que le prometió al señor Méndez. Toda la empresa del señor Méndez depende de ese dinero para mantenerse a flote.
Selena: —...
Raquel continuó exigiéndole: —¿Has ido a ver a tu hermano al hospital últimamente? Ya hay que pagar el alquiler de los equipos que mantienen con vida a Adrián. Recuerda decirle a Vidal que lo pague. Si lo desconectan un solo minuto, tu hermano estará en peligro de muerte.
Selena cerró los ojos.
Adrián llevaba dos años en estado vegetativo, y la única razón por la que seguía respirando era porque Vidal alquilaba, a un precio exorbitante, unos equipos de soporte vital exclusivos de un laboratorio biotecnológico extranjero. Debido a las patentes, el costo anual ascendía a diez millones.
Se iría sin llevarse un solo centavo, con las manos vacías.
——
Selena se quedó en la sala hasta las dos de la madrugada.
Vidal finalmente regresó.
Al verla sentada bajo la luz tenue, Vidal se sorprendió y se acercó a ella: [¿Por qué no estás durmiendo? Te dije que hoy tenía que trabajar hasta tarde.]
Los dedos largos y bien definidos del hombre se movieron en el aire con una elegancia casi hipnótica.
Selena recordó de pronto aquel año.
Su padre murió salvando a Vidal.
Del trauma, ella perdió la audición.
Vidal aprendió lenguaje de señas por su cuenta, sin dormir ni descansar; en solo un mes, lo dominó y se lo enseñó a ella y a su hermano, Adrián.
El Vidal de aquel entonces...
Le prometió que cuidaría de ella toda la vida.
Selena levantó la mirada y notó una marca roja en el cuello de Vidal. —¿Estás cansado?
Vidal se quedó pasmado un segundo.
Pero luego sonrió.
Tomó los dedos de Selena y le dio un beso tierno en la mano.

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