Selena cocinó la cena.
Tras comer con Leo.
El niño se pegó a la ventana, observando el cielo estrellado con adoración. —Mamá, ¿los fuegos artificiales de tu estudio van a estallar esta noche?
Selena era diseñadora de espectáculos pirotécnicos y tenía un estudio de fuegos artificiales a su nombre, registrado bajo el Grupo Paredes.
Tres meses atrás, había ganado la licitación para organizar el espectáculo en la plaza central de la ciudad.
Ella y su equipo habían invertido todo su esfuerzo, superando incontables pruebas.
Para crear Galaxia para Ti.
El espectáculo de luces se estrenaría esta noche.
Selena se acercó.
Se arrodilló a su lado y le preguntó con dulzura: —¿Quieres ir a la plaza a ver los fuegos artificiales?
Leo asintió con entusiasmo.
En ese instante.
Sonó el teléfono de Selena. En la pantalla brillaba el contacto Esposo.
Selena adoptó un semblante frío.
Y contestó.
Vidal, asegurándose de que llevaba el audífono, habló suavemente: —Selena, iré a recogerlos a ti y a Leo para ir a la plaza a ver los fuegos artificiales. Llegaré en media hora. Prepárense. Hace mucho frío, abríguense bien.
Selena no tenía la menor intención de ir.
Pero, al ver a Leo rebotando de emoción, con esos ojos enormes llenos de ilusión...
Se mordió los labios y dijo: —Está bien.
Tras colgar, Selena abrigó al niño con una chaqueta gruesa, le puso una bufanda de cachemira tejida a mano y lo dejó envuelto como un pequeño tamalito.
Ella se puso un abrigo blanco.
Cuando estuvieron listos.
Leo exclamó impaciente: —¡Mamá, voy a esperar al señor Vidal afuera!
Selena revisó su reloj; faltaban unos cinco minutos.
Tomó su bolso y salió de la mano del niño.
La nieve seguía cayendo sin tregua.
Leo se sentó frente a la puerta haciendo bolas de nieve.
Los minutos transcurrieron lentamente.
Veinte minutos después.
Selena y Leo llegaron a la plaza central, que estaba iluminada y llena de gente.
Se abrió paso entre la multitud hasta llegar a una plataforma de observación alta.
Apenas se acomodaron.
La mirada de Selena se cruzó por accidente con un grupo de personas...
Y allí estaban Vidal y Mireya.
En ese momento.
Ya no sentía sorpresa. Ni siquiera sentía rabia.
Todo lo que quedaba era una calma vacía y desoladora.
Parecía que ese era su destino.
Un marido infiel y una amante desvergonzada, pavoneándose en lugares públicos como una pareja normal, pretendiendo no ser el par de miserables que realmente eran.
Selena sacó su teléfono en silencio.
Las campanas del gigantesco reloj de la plaza comenzaron la cuenta regresiva.
La multitud estalló en un grito unísono y festivo.

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