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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 583

El auto se detuvo frente a la mansión de los García. Alejandro sacó su celular y, con expresión sombría, hizo una llamada.

—Hugo Medina, ¿qué clase de basurero me recomendaste? Mi esposa comió allí y terminó...

Lucía le tapó la boca rápidamente.

Al otro lado de la línea, Hugo se disculpó de inmediato.

—Sr. Zavala, ese restaurante siempre ha tenido excelente reputación. ¿Cómo pudo haber un problema? —De pronto, se detuvo, asimilando sus palabras—. Un momento, Sr. Zavala, ¿qué esposa? ¿Se casó?

Alejandro lamió levemente la palma cálida de Lucía. Al ver cómo ella retiraba la mano asustada, sonrió y respondió con un simple «Mhm».

—¡Vaya sorpresa, Sr. Zavala! Lo tenía muy bien guardado, tendré que felicitarlo en persona. En cuanto al restaurante, enviaré gente ahora mismo. Lo que usted diga: exigimos reformas o lo mandamos a cerrar.

—Déjalo. Probablemente no fue culpa del restaurante. —Alejandro observó a Lucía, que no paraba de negar con la cabeza y hacerle gestos con las manos—. Hablamos luego, tengo que colgar.

Una vez que terminó la llamada, Lucía bajó la mirada y dijo en voz baja:

—No le causes problemas al restaurante. No tienen la culpa, es cosa mía.

Alejandro ladeó la cabeza y levantó una ceja:

—¿No fue la comida?

—Fue por mi cuenta —murmuró ella—. Simplemente no puedo adaptarme de golpe a estar casada, me sentí tan agobiada que sentí náuseas. Los ingredientes del restaurante no tienen nada que ver.

Alejandro la observó en silencio durante un largo rato antes de preguntar:

—Tú... realmente te deshiciste de él, ¿verdad?

Lucía se quedó helada y, como impulsada por un instinto extraño, asintió.

La doctora asintió con dulzura y le hizo un ultrasonido para escuchar los latidos. De la máquina provino el rítmico y fuerte sonido del pequeño corazón, y en la pantalla, el bebé se veía tranquilo.

—Todo está en orden —dijo la Dra. Carolina, entregándole el reporte con una sonrisa—. El bebé se está desarrollando muy sano. El frío no le hizo daño, no te preocupes de más.

Al escuchar esas palabras, el enorme peso que Lucía llevaba en el pecho se desvaneció, y en su rostro asomó una leve sonrisa de alivio.

Muy contenta, hizo un montón de preguntas sobre la dieta y los cuidados diarios del embarazo.

La doctora le recetó ácido fólico, indispensable para la gestación, y vitamina B6 para aliviar las náuseas.

Lucía guardó sus recetas, se despidió y se puso de nuevo las gafas oscuras antes de salir del consultorio.

En los asientos del pasillo, Leonor de Zavala había ido a recoger sus vitaminas. En ese preciso momento, reconoció desde lejos la figura y los inconfundibles rasgos de Lucía, a pesar de su empeño por esconderse. Se quedó pasmada por un instante, miró la puerta de la clínica de la que acababa de salir, se levantó y se acercó para averiguar:

—Disculpe, doctora, esa joven que acaba de salir...

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