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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 732

Al otro lado de la línea, Alejandro se quedó atónito por un segundo. Inmediatamente le ordenó a Hugo Medina y a los demás que recogieran sus cosas para ir a trabajar a la Finca de La Luz, mientras él se adelantaba en su auto de camino a casa.

En cuestión de minutos, se escuchó el sonido de la puerta abriéndose en la entrada.

Lucía estaba sentada en la cama con Béisbol en brazos. Al verlo entrar a la habitación todavía con el trajín del día encima, lo miró con sorpresa: —¿No tenías mucho trabajo hoy? ¿Cómo llegaste tan temprano?

Cuando le pidió que regresara temprano, calculaba que él lograría llegar hacia las cinco de la tarde.

Alejandro se quitó el saco y se lo entregó a la empleada. —Como vi que me necesitabas tanto y que no podías estar ni un segundo sin mí, me vine volando.

Las orejas de Lucía se calentaron un poco; desvió la mirada rápidamente y lo corrigió: —Yo no te necesito, es el bebé quien te necesita.

Alejandro tomó al bebé de sus brazos, se inclinó para cubrir los labios de su esposa y la besó tiernamente por un buen rato.

Pronto se escuchó movimiento en la planta baja; Hugo Medina y otros técnicos habían llegado. Alejandro tomó a su hijo y se fue al estudio.

Trabajar con un bebé presente se sentía completamente diferente.

Sentado en la cabecera de la mesa, Alejandro había perdido gran parte de su aura imponente; emanaba una actitud más relajada y casual, y sus facciones marcadas y profundas lo hacían ver aún más sereno y reservado.

Mientras discutía los detalles del proyecto, de vez en cuando le quitaba a su hijo el pequeño puño que intentaba meterse en la boca.

Béisbol lo observaba con sus grandes ojos oscuros como uvas, balbuceando ocasionalmente hacia su padre, portándose bastante bien.

Al ver a su jefe sosteniendo a su hijo, Hugo y los demás no pudieron evitar asombrarse. Quién diría que el magnate de los negocios, siempre tan inalcanzable y serio, se convertiría en un devoto padre trabajando con su bebé en brazos.

Después de un día ajetreado, ya entrada la noche, solo quedó encendida una tenue lámpara en la mesita de noche de la habitación.

Alejandro estaba recostado en la cama sosteniendo a Béisbol. Su mirada se paseó entre su hijo y su esposa; al darse vuelta, el camisón de Lucía se había enrollado hacia arriba, dejando al descubierto parte de sus muslos y asomando discretamente su ropa interior.

Con una sonrisa en los labios, no pudo evitar bromear: —Tres personas en la misma cama, y dos usan pañales.

Alejandro soltó una carcajada ante su propio chiste, haciendo que su pecho subiera y bajara de golpe. Béisbol, recostado sobre él, abrió perezosamente sus ojitos, parpadeó algo confundido, movió su boquita y volvió a quedarse dormido.

—¿Eres tonto? Son toallas sanitarias especiales para la noche, ¿cómo vas a decir que son pañales? —se quejó Lucía con los ojos cerrados.

—Hmm, la otra vez vi en el baño que habías comprado tampones —dijo Alejandro, girando la cabeza para mirarla—. ¿Quieres que te ayude a ponértelo?

La habitación se sumió en un silencio absoluto.

Lucía abrió los ojos de golpe. Cuando abría tanto esos hermosos y redondos ojos oscuros, era la viva imagen de Béisbol.

—¿Esas son palabras dignas de todo un presidente de una empresa? —dijo Lucía con voz ronca.

—No tiene nada de malo... —Alejandro soltó una risa ahogada mientras la miraba fijamente—. Tratándose de ti, estoy dispuesto a servirte en todo.

Lucía no lo soportó más; se dio la vuelta dándole la espalda y volvió a cerrar los ojos, aplicando aquello de "ojos que no ven, corazón que no siente".

Antes de quedarse dormida, pensó que definitivamente tenía que quitarle esa costumbre de ser tan descarado al hablar...

Como se esperaba, cuando el bebé cumplió cinco meses fue mucho más fácil cuidarlo. Ya permitía que Noel y la niñera lo cargaran más a menudo, lo que le dio un merecido respiro a Lucía.

Capítulo 732 1

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