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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 704

Aunque Alejandro se mantuvo en silencio ante las acusaciones, la semilla de la discordia ya había sido sembrada.

Muchos malentendidos que podrían haberse aclarado fácilmente, fueron enterrándose cada vez más profundo.

—¿Tienes algo más que decir? —frunció el ceño Lucía al ver que Gustavo la había detenido pero seguía sin pronunciar palabra.

Al ver que el tiempo se acababa y que los guardias ya se acercaban, Gustavo se apresuró a decir: —Yo fui quien causó la ruina de la familia García en la vida anterior.

Lucía se quedó de piedra: —¿Qué?

—El verdadero culpable de empujar a Julio a la muerte, fui yo. Cuando Alejandro atacó al Consorcio García, lo que les quitó fue la cadena exclusiva de suministro de materias primas y la red de distribuidores en todo el país. Al perder esos dos pilares, el Consorcio García quedó gravemente herido, pero aún tenía la posibilidad de sobrevivir y reestructurar sus bienes. Fui yo quien movió los hilos en las sombras. Falsifiqué pruebas de incumplimiento en la cadena de suministros, incité a que los socios comerciales cancelaran sus contratos en masa, filtré los agujeros financieros internos para provocar una avalancha de cobros por parte de los acreedores, difundí rumores de corrupción entre la directiva que hicieron que las acciones cayeran en picada, y azucé a los empleados para que armaran disturbios exigiendo sus derechos.

—Tú... me estás mintiendo... —murmuró Lucía con el rostro pálido—. Alejandro le regaló el equipo central de desarrollo de mi familia a la empresa del padre de Jimena.

—No se puede negar que tocó la red de distribución de la empresa. Sin embargo, el Grupo Zavala ya contaba con su propio equipo de desarrollo de primer nivel, no tenían necesidad de robarse al del Consorcio García. Alejandro podía ayudar a Jimena por su propia cuenta.

Lucía no se lo creía en absoluto. —¿P-por qué hiciste algo así?

—Cada vez que le daba un golpe a tu empresa, esperaba ansioso en mi interior pensando que, al quedarte sin opciones, vendrías corriendo a suplicarme ayuda. Pero nunca lo hiciste. Incluso cuando el Consorcio García necesitaba con urgencia esos cincuenta millones para el flujo de caja, fuiste a buscar a Diego. Desde el principio hasta el final, jamás acudiste a mí. Yo fui quien realmente empujó al Consorcio García al abismo, negándoles hasta la más mínima posibilidad de sobrevivir.

La mirada de Gustavo se volvió inescrutable y sombría: —Hasta ahora no he logrado descubrir quién fue el detonante para que renaciéramos. ¿Fue Alejandro, o fui yo? ¿Y qué pasa si la clave de esta nueva oportunidad reside en mí? Si muero, entonces todo se acaba. Será mejor que recen para que yo siga vivo; solo así esta tranquilidad que tanto les ha costado conseguir podrá perdurar...

Gustavo colgó el intercomunicador, se levantó y caminó de regreso a su celda. Lucía golpeaba el cristal, llena de furia, pero un guardia se acercó para exigirle que no hiciera escándalo; el tiempo de visita había terminado.

Antes de perderse de vista, Gustavo se volteó y gritó a viva voz: —¡Antes de suicidarse, Alejandro creó un fideicomiso testamentario y le dejó absolutamente toda su fortuna a Horacito García!

En el fondo, Alejandro se había arrepentido. Había sido su forma de compensar a los descendientes de la familia García, que terminó extinta en la otra vida.

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