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Te Toca Suplicarme A Mí, Señor Heredero romance Capítulo 551

Al llegar a la empresa, Mateo Vicario le informó:

—La Srta. Jiménez ya está aquí.

Alejandro Zavala asintió con el rostro inexpresivo.

Efectivamente, al entrar al último piso, Jimena Jiménez lo estaba esperando.

—Alejandro, buenos días —dijo ella, visiblemente emocionada por haber vuelto a estar a su lado. Tenía las mejillas sonrosadas y se veía radiante.

Alejandro la observó sin inmutarse.

—Ayer Lucía García fue a la Finca de La Luz. Quería que cambiara de opinión.

La sonrisa de Jimena se congeló al instante. Sintió como si una mano invisible le estrujara el corazón. Se apresuró a preguntar:

—¿Y qué le dijiste?

Los rumores aún circulaban en los altos círculos de la ciudad, diciendo que Alejandro y Lucía habían pasado días aislados en la montaña, compartiendo noches enteras. Al recordar lo íntimos que habían sido y las largas madrugadas que ella misma había pasado parada afuera de la Finca de La Luz sin ver salir a Lucía, la sola idea de lo que Alejandro le habría hecho a esa mujer le provocaba un dolor punzante en el pecho.

Alejandro respondió con total tranquilidad: —Le dije que voy a casarme contigo. Obviamente no le permití quedarse a dormir.

Al escuchar eso, el nudo en el pecho de Jimena se deshizo. Su espalda, antes rígida, se relajó, y dejó escapar un largo suspiro de alivio.

Sin embargo, al salir del edificio del Grupo Zavala, una espina seguía clavada en su orgullo.

De inmediato tomó su celular e hizo una llamada.

—No puedo creer lo descarada que es Lucía. ¡Tuvo el atrevimiento de ir a buscarlo a la Finca de La Luz! Menos mal que Alejandro no cayó en su juego. Prepárense, vamos a ir a la casa de los García ahora mismo.

Al otro lado de la línea, Margarita de Jiménez aún temía represalias.

—¿No crees que eso enfurecerá a Alejandro?

—Alejandro ha cambiado. Desde que recibí esa bala por él, ya ni siquiera considera a Lucía. Ahora me pertenece por completo y no me oculta nada...

Margarita suspiró aliviada.

Rápidamente reunió a Daniela y a otras mujeres de la familia, y juntas se dirigieron en caravana hacia la residencia de los García.

Ese día, Lucía no fue al Consorcio García. Durmió hasta tarde y, cuando finalmente se levantó, tenía la voz nasal y ronca; era evidente que había pescado un fuerte resfriado.

—¿No descansaste bien?

Cristina notó que su cuñada estaba enferma.

—Lucía, aunque la empresa esté pasando por un bache, no deberías angustiarte tanto. Elena me dijo que anoche regresaste muy tarde...

Cristina intentó detenerla: —Van a venir a hacer un escándalo a nuestra propia casa, ¿y les vamos a abrir la puerta? No las dejes entrar.

Elena miró con furia al grupo de mujeres que gritaba afuera.

—Si las dejamos gritando en la entrada, todos los vecinos y los que pasan por la calle se enterarán, y la reputación de Lucía quedará por los suelos. Es mejor que entren y arreglemos esto de una vez por todas.

El Mayordomo Pinos abrió las puertas.

Noel, la guardaespaldas, se colocó de inmediato al lado de Lucía en posición defensiva.

De hecho, mientras la señorita Lucía dormía, Noel estaba matando el tiempo jugando en su celular, y justo en ese momento había recibido una llamada del mismísimo Alejandro Zavala.

"Observa lo que pasa".

Esas cuatro palabras.

Habían puesto a Noel en alerta máxima; sabía que algo estaba a punto de estallar.

Y efectivamente, poco después, la familia Jiménez hizo su majestuosa y ruidosa aparición.

Por lo tanto, Noel ya estaba mentalmente preparada.

Daniela levantó la barbilla con arrogancia: —Lucía García, deja de hacerte ilusiones. Hoy en día toda la alta sociedad sabe que mi prima es la futura esposa legal de Alejandro Zavala, la única con el derecho de estar a su lado y protegerlo. ¿Tú qué te crees que eres? Solo eres una aventura del pasado, pero sigues sin tener el pudor de alejarte.

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