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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 524

Esto enfureció a Clara, quien miró a Bianca con indignación:

—Tú lo ayudaste a salvarle el pellejo a esa cualquiera, y él se larga con ella sin siquiera mirarte. ¡Ese tipo es de lo peor! ¡Te usó y te desechó! ¡¿Por quién te toma?!

Le daban ganas de recoger una piedra y estrellarla contra el auto de Damián.

Bianca no mostró ninguna alteración en su rostro. Cuando el coche de Tiago se detuvo frente a ellas, Clara intentó subirse primero, pero Tiago la frenó:

—Tú ve de copiloto. La señorita Núñez se sentará conmigo.

Clara miró a Bianca con evidente preocupación y murmuró entre dientes, llena de impotencia:

—Te juro que no entiendo. ¿Acaso estos hombres están ciegos? ¡Uno tras otro caen rendidos ante esa víbora de Melisa! ¡Están ciegos!

Bianca le hizo una seña para que se calmara y subiera:

—Tranquila. Ve adelante.

Al subir al auto, Bianca se sentó junto a Tiago. Él la miró con cierta sorpresa; ¿acaso esta mujer no le tenía miedo?

Sin embargo, la examinó de arriba a abajo y desvió la mirada con una sonrisa burlona.

Era hermosa, sí, pero no pasaba de ser un maniquí hueco, útil solo para un rato de diversión.

¿De dónde sacaba el atrevimiento y la confianza para intentar competir contra Melisa?

Bianca ignoraba los pensamientos de Tiago. Sacó su celular dispuesta a preguntarle a Vicente a qué hora llegaría. Al bajar la mano, rozó accidentalmente algo helado. La apartó de inmediato, miró hacia abajo y se dio cuenta de que había rozado la mano de Tiago.

—Disculpe —dijo Bianca.

—No hay problema. —Esa técnica de seducción le pareció tan barata que Tiago se convenció de que la mujer era solo un chiste—. Señorita Bianca, ¿tiene novio?

Mientras ella escribía para preguntarle a Vicente sobre su ubicación (quien le respondió que ya iba en camino), escuchó la pregunta de Tiago. Frunció el ceño:

—Eso es un asunto privado. No tengo por qué responderle.

—Se tiene o no se tiene. Si contestas así, asumiré que no. —Tiago la miró con una sonrisa, con esa clásica mirada depredadora.

Bianca frunció aún más el ceño. Estaba a punto de decir algo cuando Tiago anunció:

—Llegamos.

El vehículo se detuvo. Habían llegado a su destino.

El auto de Damián y Melisa había llegado antes, y ellos ya estaban adentro.

Siguiendo a Tiago, Bianca caminó unos pasos más despacio a propósito para enviarle un mensaje a Vicente, preguntándole por dónde venía.

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