—Señor Figueroa, nos retiramos entonces —dijo Bianca.
En ese momento, muchos de los invitados ya estaban siendo escoltados hacia la salida.
La mirada de Damián se detuvo en el rostro inexpresivo de Bianca. Tras unos segundos de absoluto silencio, asintió:
—Firmen el acuerdo de confidencialidad antes de salir.
—Entendido —respondió ella, esperando a que Esteban le trajera los documentos.
Justo entonces, a sus espaldas, resonó la voz de Melisa Serrano:
—Damián, mira a quién traje para verte.
Bianca se giró y vio a Tiago Aguirre caminando detrás de Melisa.
El aura imponente y afilada de Tiago, propia de las familias poderosas de Sudamérica, hizo que varios de los que estaban a punto de marcharse se dieran la vuelta para mirar.
Al ver a Bianca, enarcó una ceja con evidente sorpresa, pero rápidamente desvió la mirada y le tendió la mano a Damián:
—Tiago Aguirre, de Corporación Axia. Un placer conocerlo, señor Figueroa.
Damián sonrió con cortesía y le estrechó la mano:
—El placer es mío.
En ese instante, Esteban se acercó con los acuerdos de confidencialidad para que Bianca y Clara firmaran.
Melisa miró a Bianca y a Clara con desdén.
Para ella estaba claro: Bianca, al no haber logrado el contrato con la Corporación Axia, seguramente había venido a la reunión para buscar algún consuelo emocional como simple oyente.
La verdadera pregunta era... ¿siquiera había entendido de qué trataba la junta?
Aunque, con Clara a su lado, seguro esa asistente enviada por Vicente le estaba haciendo el trabajo sucio y ayudándola a mantener las apariencias.
Habría que ver cuánto tiempo más le duraba la farsa.
Melisa retiró la mirada, aburrida de la situación:
—Damián, Tiago vino por el tema del proyecto internacional. Originalmente iba a buscar a Aro, pero ese sujeto no cede ante la presión financiera, así que decidí traerlo para que hable contigo.
Melisa tomó el documento que inicialmente iba dirigido a Bianca y se lo entregó a Damián.
Damián tomó el archivo y comenzó a revisarlo. Melisa miró de soslayo a Bianca, con los ojos cargados de una profunda burla.
¡Y pensar que Bianca iba a reunirse con Tiago esa misma noche! No solo había armado un escándalo marchándose sin siquiera verlo, sino que, cuando él la buscó por su cuenta, tuvo la audacia de ignorarlo.
¡Un berrinche ridículo!
Con esa actitud, ¿cómo pretendía liderar un proyecto?
A Melisa todo aquello le parecía absurdo y patético.
Pero al mismo tiempo, confirmaba que BN Innovación estaba al borde del colapso.
Bianca, concentrada en leer el acuerdo de confidencialidad, sintió el peso de una mirada sobre ella. Frunció el ceño, levantó la vista y se encontró con los ojos fríos de Melisa.
Su expresión se endureció, devolviéndole una mirada igual de gélida.

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