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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 525

Bianca se quedó de pie en la puerta, sin saber qué expresión tenía Damián en ese momento. Solo escuchó su voz:

—Hagan lo que ella diga.

—¡Perfecto, perfecto! Admiro a los hombres que se mantienen firmes como el señor Figueroa —dijo Tiago aplaudiendo, antes de hacerles una señal a las mujeres para que se retiraran.

Al abrirse la puerta, la mirada de Bianca coincidió exactamente con la de Damián. Sus ojos oscuros y profundos no dejaban entrever ni la más mínima emoción.

A su lado, sentada con actitud de dueña y señora, estaba Melisa, pegada a él en una postura sumamente íntima.

Si no tuvieran un contacto físico constante y cercano, sería imposible que mostraran esa clase de familiaridad frente a todos.

En un parpadeo, Damián desvió la mirada con total indiferencia.

Melisa, quien no se perdió ni un segundo de la interacción, curvó los labios en una sonrisa triunfal. Luego miró hacia la puerta, saludó a Xavier y le preguntó a Tiago:

—¿A qué vamos a jugar?

—A lo que juguemos no importa, lo que importan son las reglas —explicó Tiago—. El que pierda debe cumplir un castigo impuesto por todos los presentes. Puede ser un reto o responder una pregunta con total sinceridad. Si miente, pierde el chiste, así que hay que cumplir sin excusas. ¡Y no hay límites! Si se niegan, tendrán que quitarse una prenda por cada derrota. Por supuesto, pueden pedirle ayuda a alguien, y si alguien no soporta ver sufrir al perdedor, puede tomar su lugar. ¿Le parece bien, señor Figueroa?

Damián no respondió.

Su rostro seguía sereno. Aún llevaba puesto el traje formal de la conferencia, desentonando completamente con aquel ambiente de excesos.

Melisa se inclinó hacia adelante, recargando casi todo su peso sobre Damián, y le susurró:

—Damián, nunca he jugado a esto. Acompáñame.

Él asintió:

—De acuerdo.

—¡Esto ya es demasiado! ¡Más miel en mis ojos! —exclamó Lorenzo, chasqueando la lengua—. Amigo, si tú y tu prometida siguen así, será un escándalo si no se casan pronto.

Damián esbozó una leve sonrisa.

Melisa lo miró y también sonrió.

Entonces Tiago giró la cabeza y lanzó la pregunta:

—Nosotros estamos dispuestos a jugar, ¿y ustedes?

No se lo preguntó a Damián ni a sus amigos, sino a Bianca.

Romeo y Lorenzo también dirigieron la mirada hacia la recién llegada.

Vicente aún no llegaba, y a Bianca no le interesaban en absoluto ese tipo de juegos inmaduros; los consideraba una pérdida de tiempo.

Por lo tanto...

—¡Claro que jugamos! —soltó de pronto Clara, tomando a Bianca del brazo y aceptando el reto por ella.

—Ya que estamos aquí, no hay razón para acobardarnos. ¡No nos subestime, Tiago!

Bianca frunció el ceño y miró a Clara.

Clara la arrastró consigo y se dejó caer en el otro extremo del sofá:

—Bianquita, no soporto esta humillación. ¿No dijeron que hay que responder con la verdad y cumplir lo que pidan? ¡Pues quiero saber si esa descarada de Melisa tiene algo de vergüenza y confiesa que es la amante! También quiero preguntarle al señor Figueroa cómo justifica el engaño de un hombre. ¿Acaso no tiene un lugar para ti, aunque sea por piedad, ya que tú eres la verdadera madre de Lucía?

—Y si él supiera que tenías un bebé suyo... ¿seguiría actuando así? Además, si se ponen melosos en público, podemos grabarlo. ¡Nos serviría de prueba para el divorcio por infidelidad en el juicio! —susurró Clara.

Antes de que Bianca pudiera decir algo, Tiago intervino:

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