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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 441

—¡Quería a Bianca como si fuera mi propia hija! ¡Mi propia sangre! —gritó Sergio, fuera de sí—. Estaba dispuesto a dejarle todo mi legado al morir, todos mis contactos. ¿Y ustedes? ¿Cómo nos ven? ¿A esto le llamas ser mejores amigos? ¡Eres un viejo insensato, Renato Paredes! ¡No puedes controlar a tu nieto porque tú mismo eres un idiota! Te dije mil veces que le pusieras un alto a ese bueno para nada, ¡pero no hiciste caso! ¡Dejaste que acosara a Bianca una y otra vez!

Con los ojos llenos de lágrimas, el profesor Salazar levantó la mano y le cruzó la cara a don Renato con una bofetada resonante.

Bianca intentó intervenir, pero fue demasiado tarde.

Sergio estaba tan alterado que, de un manotazo, apartó a Bianca cuando intentó sostenerlo.

Ella perdió el equilibrio y cayó de espaldas mientras Vicente trataba desesperadamente de separarlos.

Justo antes de que Bianca golpeara el suelo, Xavier, alertado por el escándalo, corrió hacia ellos y la atrapó por detrás, abrazándola con fuerza.

—¿Estás bien? —preguntó Xavier, sosteniéndola mientras revisaba su rostro y su cuerpo con evidente preocupación para asegurarse de que no estuviera herida.

Pero a Bianca no le importaba eso en lo absoluto. Se aferró al brazo de Xavier.

—¡Rápido, ve a separarlos!

Xavier evaluó la situación en un segundo, puso a Bianca a una distancia segura detrás de él y se lanzó a la pelea.

Al final, fue Xavier quien logró someter a don Renato, mientras Vicente sostenía al profesor Salazar.

Por fin lograron separarlos.

Bianca corrió de inmediato hacia su mentor para estabilizarlo, hablando con voz contenida.

—Profesor, por favor, no se altere. ¡Yo misma me encargaré de mis propios asuntos!

Pero, ¿cómo no iba a estar furioso?

Con el rostro empapado en lágrimas, Sergio abrió la boca para gritar una maldición más, pero de repente se llevó la mano al pecho, apretando con fuerza.

Al darse cuenta de la gravedad, Vicente Ávila no dudó un segundo y se echó al profesor al hombro.

—¡Al hospital, rápido!

El escándalo de la pelea en el área de camerinos no tardó en llegar a oídos de Melisa Serrano y los demás.

—¿Bianca y el señor Ávila también están ahí? —preguntó Melisa, sorprendida—. ¿Pero por qué se pelearon? ¿Por quién? ¿Quiénes fueron los involucrados?

Romeo negó con la cabeza.

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