Lorenzo Valdés estaba atónito, y a Romeo Paredes le parecía que todo era una broma de mal gusto.
Xavier, quien creía que todo era un asunto asegurado, también quedó consternado por el drástico giro de los acontecimientos.
¿El profesor Salazar acababa de rechazar públicamente a Melisa?
¿Qué diablos estaba pasando?
En ese momento, la expresión de Melisa era un poema trágico.
El presentador, tratando de salvar la situación, reaccionó rápidamente.
—Pero, profesor Salazar, ¿no se decía que usted quería aceptarla y que sus rechazos previos eran simplemente pruebas para medir su carácter?
El presentador intentaba lanzarle un salvavidas a Sergio.
¡Pero el profesor no estaba dispuesto a morder el anzuelo!
Siendo una figura respetada y de gran peso en la industria, ¿acaso iba a dejarse manipular por una joven como Melisa o ceder ante la presión de los corporativos millonarios?
¡Si así fuera, habría vivido en vano todos estos años!
Con un gesto despectivo de la mano, Sergio no dudó en clavar el último clavo en el ataúd.
—Damián Figueroa trajo a esta señorita a verme en dos ocasiones, y en ambas la rechacé de manera directa. ¿Desde cuándo un no rotundo se convirtió en una prueba? ¿Prueba de qué? En el mundo de la ciencia, o tienes la capacidad, o no la tienes. No hay nada que probar. ¿Acaso usted lo entiende distinto, señor presentador?
¿Acaso era una prueba para ver si su descaro no tenía límites o si era experta en inventarse historias en la cabeza?
Como la situación exigía decoro, Sergio se guardó esas palabras, eligiendo mantener la clase frente a la audiencia.
Pero el rostro de Melisa ya estaba descompuesto.
Bianca conocía bien a Melisa; sabía que detestaba ocultar su frustración, y esta vez, incluso bajo los focos de las cámaras, su molestia era evidente.
Y, por lo que Bianca podía notar, su maestro no tenía la más mínima intención de detenerse.
Era obvio que el profesor estaba profundamente ofendido.


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