El rostro de Lorenzo Valdés estaba aún más descompuesto. ¡Ese viejo estaba humillando a su cuñada a propósito!
Con el inmenso talento que ella tenía, ¿cómo se atrevía a menospreciarla y pisotearla de esa manera?
¡Ese anciano debía haber perdido la razón!
¡Claramente no sabía reconocer a un genio cuando lo tenía enfrente!
Entre el grupo, Xavier era el único que observaba el escenario con el ceño profundamente fruncido. Inevitablemente, recordó las palabras de su propio padre.
Su padre tampoco confiaba en las supuestas habilidades de Melisa y siempre dijo que ella no daba la talla.
Y ahora, escuchar al mismísimo profesor Salazar confirmarlo en cadena nacional...
Xavier sentía una curiosidad inmensa. ¿Quién diablos era el misterioso Aro, el discípulo exclusivo del profesor? ¿Qué clase de mente maestra debía ser para que la supuestamente brillante Melisa pareciera basura a los ojos de don Sergio?
Xavier giró la cabeza para mirar a Bianca.
Ella seguía sentada en silencio, con el rostro impasible. No mostraba ni la más mínima señal de burla, ni el clásico regocijo vengativo al ver a Melisa estrellarse contra el suelo.
Aprovechando una pequeña pausa, el presentador intentó suavizar la tensión y cambió de tema abruptamente.
Vicente sintió que no tenía caso seguir perdiendo el tiempo ahí. Llamó la atención de Bianca.
—Vámonos a los camerinos a esperar.
Bianca asintió y se levantó para seguir a Vicente fuera del set.
Mientras tanto, Melisa seguía sentada en el sofá de la entrevista, escuchando al profesor Salazar disertar sobre el desarrollo de la Inteligencia Artificial, la industria aeroespacial y el sector médico. Con el rabillo del ojo, notó que Bianca se retiraba.
Apretó los puños de forma inconsciente. De repente, todo cobró sentido para ella.
Recordó que, en la celebración del abuelo Severiano, el profesor Salazar había intercedido personalmente para exigirle a Damián que no despidiera a Bianca, alegando que le recordaba a una vieja conocida.
Y ahora, Bianca había venido hasta allí únicamente para deleitarse viéndola fracasar.
Si el profesor Salazar la había humillado de esa manera frente a todos, no tenía nada que ver con sus habilidades; todo era culpa de Bianca.
Y seguramente Vicente Ávila, embrujado por las manipulaciones de Bianca, también había aprovechado para ensuciar su nombre ante el profesor...
Melisa cerró los ojos un instante, sintiendo que todo era ridículo.
Había subestimado a Bianca. No esperaba que recurriera a trucos tan sucios y bajezas para competir con ella.

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