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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 407

—¿Esa no es la tal Bianca?

Desde el asiento del copiloto, Melisa escuchó la pregunta de Ximena Serrano en la parte trasera y dirigió su mirada hacia afuera.

Una fina llovizna comenzaba a caer. Bianca estaba de pie en la entrada del hotel, aparentemente esperando un taxi.

Melisa asintió con indiferencia:

—Sí, es ella.

Ximena soltó una carcajada burlona.

—Cuando la vi sentada en la mesa principal hoy, pensé que el señor Ávila le tenía en alta estima. Quién diría que al final el profesor Salazar la trataría como a una simple empleada mandándola a buscar cosas. Al parecer, solo la ven como una más del servicio. Ahora se hace la fuerte y serena, pero quién sabe cuánto llorará cuando llegue a casa. Pobrecita, intentando aparentar lo que no es.

A Melisa también le sorprendía que Bianca hubiera soportado todo hasta el final sin marcharse.

Tal como decía su madre, la mujer tenía una cara de piedra y una resistencia emocional de hierro.

Pero, viéndolo bien, era mejor así. De esa forma, Bianca podría darse cuenta de la abismal diferencia que existía entre ellas.

—Da un poco de lástima. Perdió a su bebé, y hoy en la mesa, doña Estela ni siquiera le prestó atención. Damián, por su parte, la ignoró por completo, como si no existiera. Esas personas importantes ni sabían quién era, ni se molestaron en mirarla. Si después de todo esto no tiene un gramo de dignidad y sigue aferrándose a Damián, dímelo y yo iré a hablar con ella. Y si insiste en no soltarlo... Le presentaré al viudo de la familia Salinas. Aunque sería para que fuera la madrastra, a decir verdad, eso ya sería demasiada suerte para ella —comentó Ximena.

Melisa apartó la mirada y levantó la barbilla con altivez.

—No hace falta que vayas, mamá. Sería rebajarnos.

Para ella, Bianca no era más que el accesorio de un hombre. De no ser por Vicente Ávila, ni siquiera habría tenido derecho a sentarse en esa mesa.

En el pasado, quizá se hubiera tomado la molestia de darle un escarmiento, pero ahora, alguien como Bianca simplemente no merecía un segundo de su tiempo.

Ximena, acunando al pequeño Liam que ya se había quedado dormido, reflexionó un segundo y estuvo de acuerdo. Bianca no valía la pena para que ellas rebajaran su estatus.

Al girar la cabeza, vieron que Damián salía del hotel.

Bianca, que seguía afuera, también notó a Damián acercándose rodeado de varias personas.

Al dirigir su mirada hacia el grupo, sus ojos se encontraron directamente con los de él.

Damián la miró fijamente durante dos segundos, pero luego apartó la vista con frialdad.

La lluvia comenzó a arreciar. Melisa bajó del coche, abrió un paraguas y se acercó a él.

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