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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 406

Estaba atrapada en un callejón sin salida...

—Los jóvenes tienen su propio destino, yo ya estoy muy vieja para meterme en sus cosas —fue lo único que logró murmurar doña Estela antes de ponerse de pie, decir "con permiso" y abandonar la mesa.

Desde el principio hasta el final, no tuvo el coraje de cruzar una sola mirada con Bianca.

Pero a estas alturas, ¿sería Bianca capaz de perdonarle eso?

¿Con qué cara podía siquiera esperar que Bianca fuera comprensiva?

¿Acaso tenía derecho a pedirle compasión?

Y Damián... él ni siquiera había pronunciado una sola palabra para detener aquel circo...

Apenas se dio la vuelta, los ojos de doña Estela se llenaron de lágrimas, aunque se esforzó por ocultarlas de los demás.

Habiendo logrado su cometido, Sergio Salazar tampoco tenía intención de quedarse. Se levantó y dijo:

—A mi edad, estas emociones agotan. Necesito ir a que me pongan un poco de oxígeno.

Antes de marcharse, se volteó hacia Bianca y le ordenó:

—Ve a buscarme dos tanques de oxígeno y llévalos a la sala de descanso.

Sergio hervía de rabia por lo que acababa de presenciar. No quería que Bianca siguiera presenciando aquella humillación, así que buscó la manera más rápida de sacarla de allí.

Los periodistas, viendo que los anfitriones se retiraban, enfocaron sus cámaras en don Rogelio y los demás.

Don Rogelio, a pesar de no ser dado a los reflectores, no escatimó en halagos para Melisa.

Lo que se suponía era el bautismo de una niña, se había convertido en el escenario de coronación de Melisa.

Justo cuando Bianca se ponía de pie, vio cómo el pequeño Liam volvía a correr hacia Damián.

—¡Papá-cuñado, abrázame! ¡Yo solo te quiero a ti!

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