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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 404

No podía creer que un hombre tan serio y frío como Damián, al estar enamorado, fuera capaz de tener esos pequeños detalles románticos como cualquier otro hombre.

Ese tipo de cursilerías eran cosas con las que ella había soñado cuando estaba perdidamente enamorada de él.

Pero nunca se había atrevido a pedírselo.

Porque sabía que Damián no accedería. Lo que no esperaba era descubrir que el problema no era que él no hiciera esas cosas, sino que ella no era la mujer indicada para inspirárselas.

En la mesa, el general Santillán y los demás rieron con simpatía.

Melisa, con el rostro ruborizado por la vergüenza, tomó a Liam de los brazos de Damián y se lo entregó a sus padres.

¡Mientras tanto, a doña Estela le temblaban las manos de la pura rabia!

Finalmente, se armó de valor para mirar a Bianca, pero la encontró con la mirada baja, el rostro apagado y una expresión de profundo dolor.

Doña Estela estaba tan desesperada que solo quería irse de allí lo antes posible.

—Hoy es el día del profesor Salazar, no deberíamos robarle el protagonismo —dijo Damián levantando su copa.

Sergio Salazar chocó su copa con la de él, manteniendo una sonrisa, y le dirigió una mirada disimulada a Vicente Ávila.

En ese preciso momento, invitaron a acercarse a Hans Ritter.

Al ser uno de los socios estratégicos de Damián.

Pero como Damián había absorbido varias empresas, eso convertía a Hans también en socio de BN Innovación, por lo que Sergio debía tratarlo con cortesía.

Apenas tomó asiento y tras cruzar un par de palabras con Sergio, Hans preguntó:

—Esta debe ser la prometida de Kirs, la señorita Melisa Serrano, ¿verdad? Había escuchado maravillas, pero verla en persona es otra cosa. Es una mujer verdaderamente hermosa.

Melisa asintió con una sonrisa elegante y modesta.

Samuel Serrano y su esposa se levantaron de inmediato para saludar a Hans.

Vicente Ávila procedió a presentarle a los comensales de la mesa, uno por uno.

Incluso le presentó a doña Estela y a su familia.

Hans no pudo evitar llenarlos de halagos al dirigirse a doña Estela:

—Ya decía yo. Si la asistente de Kirs es tan brillante, la señorita Melisa debía ser aún más excepcional para ganarse el respeto de tantas figuras importantes en este país. Doña Estela, tiene muy buen ojo. Se nota que está encantada con su futura nieta política, ¿verdad?

La cantidad de gente que lo daba por hecho seguía aumentando, el malentendido se hacía cada vez más inmanejable...

Doña Estela apretaba los puños, temblando visiblemente.

El rostro de Perla se tensó por completo; ni siquiera se atrevía a mirar la expresión de Bianca. Solo logró susurrar:

—¿Suegra?

Doña Estela fue incapaz de articular palabra. Solo abrió los ojos y mantuvo esa sonrisa forzada, aferrándose a las apariencias.

Ya no sabía qué demonios hacer...

¿Acaso Bianca todavía sería capaz de comprenderla?

—Si me lo preguntan, es mérito de la crianza de los Serrano. Solo una buena familia podría formar a alguien así —comentó de repente don Rogelio.

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