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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 402

Don Renato miró a los dos hombres y se unió a las risas:

—Nosotros también le confiamos un proyecto a Melisa. En primer lugar, por su innegable capacidad profesional, y en segundo, ¡porque sabemos que cuenta con el respaldo de doña Estela!

El rostro de doña Estela se tensó. Estuvo a punto de soltar que el testamento no había sido redactado a favor de Melisa.

Pero frente a tantas personas influyentes, no podía confesar que la verdadera beneficiaria era Bianca.

Bianca y Damián mantenían su matrimonio en secreto. Definitivamente no era el momento adecuado para hacerlo público. Si abría la boca en ese instante...

Mientras dudaba, doña Estela cruzó miradas con Bianca.

Su corazón dio un vuelco. Sabía perfectamente que estaba siendo injusta con Bianca. La mirada de la joven parecía suplicarle apoyo, esperando que dijera la verdad.

Sin embargo, todos los presentes eran figuras clave de la política y los negocios; incluso el general Santillán estaba allí.

Si soltaba la verdad de golpe, sin ninguna preparación, el malentendido y el escándalo de una infidelidad no solo derrumbarían al Grupo Figueroa, sino que su reputación quedaría arruinada para siempre.

Doña Estela sentía unas ganas tremendas de llamar a Melisa, darle dos bofetadas y preguntarle cómo podía ser tan descarada al pasearse como la amante frente a todos.

Pero a quien más odiaba en ese momento era a su propio nieto.

Andaba de arriba abajo con su amante, exhibiéndose sin pudor, ¡y todo frente a las narices de Bianca!

¡Ella había creído que, al menos, Damián tenía la decencia de ocultarlo!

¿Para qué servía el amor de un hombre? El dinero y el poder eran lo único que realmente importaba. Eso era lo que siempre le había aconsejado y enseñado a Bianca.

—Si ya son como de la familia, ¿por qué la dejan sola allá? Deberían invitarla a esta mesa —sugirió don Rogelio con una sonrisa.

El esposo de doña Estela la miró.

Solo Dios sabía lo inmensamente orgulloso que se sentía al escuchar a figuras políticas y militares elogiar a Melisa de esa manera.

—No es necesario. Al fin y al cabo, hoy el anfitrión es el profesor Salazar. No sería prudente que la familia Figueroa acapare la atención —respondió doña Estela, manteniendo la compostura, aunque no se atrevía a mirar a Bianca. ¡Le daba demasiada vergüenza!

Perla Figueroa, quien también había sufrido el dolor de una infidelidad en el pasado, era la que más empatizaba con Bianca en ese momento.

La miró con compasión, comprendiendo al mismo tiempo los temores y la difícil posición de doña Estela.

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