Al final, ninguno de ellos le preguntó sobre sus logros reales o sus proyectos técnicos; todo se limitó a pláticas vacías sobre si hacía buena pareja y discursos genéricos sobre el futuro del país...
Finalmente, tras despedirse con una sonrisa, Melisa regresó a su lugar.
Justo en ese momento se encontró de frente con Damián.
—¿Pasó algo? —preguntó Damián.
Antes de que Melisa pudiera abrir la boca, Lorenzo se adelantó con una sonrisa:
—¡Más vale que cuides muy bien a tu mujer, Damián! Es demasiado brillante. Los invitados del Profesor Salazar no paraban de elogiarla, ¡decían que era increíblemente talentosa y capaz! Estaba un poco lejos, pero escuché todo.
Damián esbozó una leve sonrisa.
—¡Estoy decidida a convertirme en la estudiante del profesor! ¡Voy a superar su prueba, sé que puedo lograrlo! —aseguró Melisa con entusiasmo.
Originalmente tenía sus dudas.
Pero durante esa breve charla, se dio cuenta de que Don Rogelio Soler la apreciaba mucho, y que el renombrado Profesor Valente, un experto aeroespacial reconocido a nivel internacional, sabía perfectamente quién era ella.
Si no era porque ellos ya admiraban su trabajo desde antes, la única otra explicación era que el Profesor Salazar había hablado de ella, y por eso se tomaron la molestia de investigar su trayectoria.
¡Eso le inyectó una dosis inmensa de confianza!
Damián asintió suavemente.
—Me parece perfecto. Si necesitas que te eche una mano, dímelo.
—Damián, me consientes demasiado, pero quiero salir adelante con mi propio esfuerzo —le respondió Melisa, con una voz cargada de dulzura.
Lorenzo chasqueó la lengua.
—¿Y qué más puede hacer un hombre si no es consentir a su esposa? No te hagas la modesta con él. El amor no tiene una sola forma, y apoyarte para que crezcas es una de ellas.
Melisa soltó una risita encantadora, fingiendo ruborizarse.
—Lorenzo, de verdad que tienes mucha labia. Si yo fuera ingenua, me dejaría enredar por tus palabras y me lo creería todo.
Damián tomó una copa de champán.
—Tiene razón, no tienes por qué ser modesta.
Bianca salió justo a tiempo para escuchar esa última parte de la conversación.

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