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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 399

Después de las conversaciones en la zona VIP, los invitados pasaron al salón principal.

Solo Bianca se quedó atrás, acorralada por los dos profesores internacionales que querían seguir debatiendo sobre tecnología. Para facilitar la comunicación, ella cambió fluidamente al francés.

El nivel de detalle técnico sorprendió gratamente a Vicente Ávila; no podía creer lo rápido que había progresado.

Finalmente, le dejó una laptop para que realizara demostraciones prácticas a los expertos y se dirigió al salón exterior para atender a los demás.

En el exterior se encontraba el verdadero homenajeado del bautismo: el bebé que Sergio Salazar había acogido.

Melisa Serrano, que estaba en el patio principal, se quedó petrificada al ver salir del salón privado a figuras de la talla del General Santillán, el Profesor Valente, Don Rogelio Soler y Don Renato Paredes, todos acompañando al Profesor Salazar.

No fue la única; el resto de los invitados murmuraba con asombro.

Lorenzo Valdés, que había vivido muchos años fuera del país y no entendía bien la magnitud de la escena, le preguntó a Melisa al respecto.

La expresión arrogante de Melisa cambió a una de profundo respeto.

—Estos no son magnates cualquiera, son figuras clave que rara vez asisten a eventos públicos, y menos todos al mismo tiempo. Esto solo demuestra el poder absoluto, las conexiones y el inmenso prestigio del Profesor Salazar —explicó ella.

¡Estaba más decidida que nunca a convertirse en su alumna!

Lorenzo alzó una ceja.

—Qué curiosa coincidencia. ¿Todos estos peces gordos vinieron al bautismo de un bebé adoptado? Suena exagerado —dijo, analizándola con perspicacia—. Oye, ¿no crees que tal vez vinieron a verte a ti?

Melisa frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

—Fíjate bien. El profesor se tomó la molestia de recibirte dos veces en privado para ponerte a prueba. Es muy probable que estos pesos pesados se hayan enterado y hayan decidido venir a conocerte en persona. Tu fama en el medio no es poca cosa —sugirió Lorenzo.

Melisa se quedó helada por un instante, pero luego sonrió.

Ella sabía que era brillante, eso nadie se lo quitaba.

Pero no había llegado al grado de creer que esas leyendas de la industria se movilizarían solo para verla.

Sin embargo, su presencia masiva era innegable y muy inusual.

Animada por la posibilidad, Melisa se adelantó y caminó directamente hacia ellos.

—¡Profesor Salazar! Señor Soler, Señor Paredes... —saludó con una sonrisa radiante a los dos empresarios.

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