—¡Pero si eso es claramente una señal de que quiere prepararte! —exclamó Lorenzo.
—Cualquier persona con dos dedos de frente puede ver lo valiosa que eres, ¿verdad, Damián?
Lorenzo volteó a ver a su amigo buscando confirmación.
El rostro de Melisa se iluminó por completo y también clavó sus ojos en Damián.
Damián asintió con serenidad.
—En efecto, eres brillante —afirmó.
El ánimo de Melisa dio un giro radical.
—Solo que decidí no aceptar ni la tesis ni el código de programación. Creo firmemente que uno debe triunfar con su propio esfuerzo, sin buscar atajos. Espero que eso le haya dejado una buena impresión al profesor. Me voy a preparar un poco más y volveré a buscarlo para demostrarle mi perseverancia y sinceridad. ¿Te parece buena idea, Damián?
Damián esbozó una leve sonrisa y asintió con elegancia.
En ese momento, alguien se acercó para requerir la presencia de Damián.
Melisa, adoptando una postura muy comprensiva, le dijo:
—Adelante, ve. Justo me acaba de escribir Romeo Paredes, iré a recibirlo.
Mientras veían cómo Damián se alejaba, Lorenzo decidió quedarse con ella y le comentó con una sonrisa cómplice:
—Tengo que ayudarle a cuidar a su mujer. Eres demasiado talentosa y hermosa, debe haber un montón de gente haciendo fila por ti.
Melisa soltó una risita.
—Ay, qué cosas dices.
Justo en ese momento, vio que Xavier Soler se aproximaba.
Sin dudarlo, caminó para ir a su encuentro.
Al notar su semblante relajado, Xavier arqueó una ceja y preguntó:
—¿Lograste entrar como su estudiante?
—Todavía no —respondió ella con una sonrisa coqueta—. El profesor me está poniendo a prueba.
Lorenzo no pudo evitar intervenir:
—Ese Profesor Salazar sí que es peculiar. ¿No le da miedo que algún otro académico de renombre se la lleve? Supongo que es el privilegio de saber que ella lo prefiere.
Melisa se encogió de hombros, restándole importancia, y le dijo a Xavier:

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