El Profesor Salazar no quiso quedarse atrás y depositó unos documentos de bienes raíces a los pies de la pequeña Lucía.
—¡El abuelo te pone los cimientos! ¡Mi niña hermosa, seguro que cuando crezcas serás aún más increíble que tu mamá! —exclamó.
Vicente sacó un contrato de su chaqueta.
—Este es el fondo fiduciario de mi familia. ¡Nuestra pequeña Lucía podrá vivir como una reina el resto de su vida sin mover un solo dedo!
Rodeada de tanto amor y atenciones, la bebé se convirtió en el centro del universo para todos los presentes.
Al presenciar esa escena, Bianca sintió una profunda paz. En ese instante, comprendió que no importaba en lo absoluto si Damián Figueroa nunca le brindaba amor paternal.
¡A su hija no le haría falta absolutamente nada!
Después de una lluvia de abrazos y mimos, Sergio Salazar revisó su reloj y asintió.
—Muy bien, Rogelio Soler y los demás ya están en la sala VIP. Ustedes llévense a la niña, yo tengo que presentarle a Bianca a un par de contactos clave.
Le entregó a Lucía a Don Federico y Doña Tatiana.
Bianca no podía quitarle los ojos de encima, claramente reacia a separarse de ella.
—Estará en mi casa —la tranquilizó Vicente—. Puedes ir a verla a la hora que quieras.
No había un lugar en el mundo que le diera más confianza a Bianca que el hogar de los Ávila.
Una vez que se fueron, Sergio Salazar se dirigió a Bianca.
—Rogelio Soler está impulsando mucho a su hijo y lograron que se le autorizara firmar el acuerdo de confidencialidad. Sin embargo, la decisión final es tuya. Si no quieres ver a Xavier Soler, lo mandaré de regreso a su casa.
Bianca cruzó una mirada con Vicente, buscando su opinión.
—Anteriormente me trató de manera muy despectiva por culpa de Melisa, y la verdad es que me genera mucho rechazo —confesó Bianca—. Aunque ya descubrió lo de mi hija, sigo sin confiar en él y prefiero evitar cualquier contacto innecesario.
Vicente tampoco soportaba a Xavier; su sola presencia le irritaba.
—Si no ha soltado la lengua sobre la bebé, seguramente es porque tiene miedo de arruinar el teatrito romántico entre Melisa y Damián. Cualquiera que haya sido el perrito faldero de Melisa no puede ser de fiar. Déjalo en ascuas, no lo recibas. Él se encargará del trato con nuestra empresa, pero no tocará los proyectos gubernamentales, así que no hay necesidad de revelarle tu identidad. Caras vemos, corazones no sabemos; en una de esas se le zafa un tornillo y le cuenta todo a Melisa. Si es lo suficientemente listo para adivinar quién eres, pues qué suerte la suya.

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