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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 394

Vicente sentía vergüenza ajena por la situación en la que había quedado Melisa. Bianca había tenido el buen juicio de marcharse, y él sabía perfectamente por qué: ella se había dado cuenta de que la presentación no aportaba nada valioso y no quería perder más su tiempo.

Solo que Bianca era una persona con mucha clase y jamás lo demostraría abiertamente.

Melisa hojeó unas cuantas páginas más y su rostro palideció.

Cerró la investigación de golpe y la dejó sobre el escritorio de Sergio Salazar.

—Le agradezco mucho, profesor, pero no necesito las referencias del programa —dijo con la voz tensa—. Prefiero confiar en mi propia capacidad e ir descubriéndolo poco a poco. Sobre el texto... gracias, profesor. Lamento haberle quitado su tiempo.

Sergio Salazar se sorprendió de que rechazara un material tan valioso.

Antes de que pudiera articular una respuesta diplomática, Melisa hizo una reverencia apresurada y salió a paso firme de la habitación.

Vicente se quedó boquiabierto.

—¿De verdad se acaba de ofender así? ¿Dónde quedó la madurez profesional? ¿Tan frágil es su ego? ¿Es tan difícil aceptar que no dio el ancho? Usted fue muy amable al ofrecerle un programa de referencia, ¡y ella sale con que quiere hacerlo todo por sí misma! ¡Por el amor de Dios, esos son conceptos que nuestra Bianca desechó hace años! ¿Y todavía tiene el descaro de intentar salvar su orgullo?

Se acercó al escritorio y hojeó la tesis, la cual ni siquiera tenía el nombre del autor. Sabía que era un proyecto que Bianca había diseñado siete años atrás, un trabajo minucioso respaldado por una gran cantidad de datos reales.

¿Y Melisa?

Había llegado con las manos vacías y pura labia.

—Profesor, esa jugada fue un golpe maestro. La dejó en ridículo sin levantar la voz. Si esa mujer tiene un mínimo de dignidad, no se atreverá a presentarse para intentar pasar la prueba por tercera vez.

De pronto, recordando el pasado, preguntó:

—Por cierto, ¿Bianca era así al principio?

—Para nada —respondió Sergio Salazar, soltando un suspiro lleno de orgullo.

—Bianca siempre supo que tenía un talento especial, y precisamente por eso era tan cuidadosa, humilde y dispuesta a aprender. Tenía terror de que la arrogancia arruinara su potencial. Conforme avanzaba, se volvía más precavida y trabajaba el doble que los demás. Si no fuera por esa ética, jamás te habría superado ni habría logrado desarrollar ella sola el 'Proyecto Aeroespacial Revelación', que hasta la fecha nadie ha podido igualar. Es por eso que el gobierno confió en ella para convertirla en Aro, e incluso después de tres años de ausencia, la gente sigue apostando por ella.

Vicente sintió que el pecho se le inflaba de orgullo, como si el éxito de ella fuera también el suyo.

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