Melisa respondió con una seguridad arrolladora.
—No, no lo traje. Pero todo está guardado en mi cabeza. Conozco a la perfección los datos relevantes y la lógica de cada proceso; no hay ningún problema.
A un lado, Bianca se sorprendió por la respuesta.
Esto era prácticamente una reunión de negocios, no una obra de teatro para el público. ¿De qué servía tenerlo todo en la mente?
Había que mostrar pruebas concretas para que la otra parte pudiera analizar la viabilidad.
Incluso al defender una tesis, se debe entregar una copia impresa al jurado antes de empezar a hablar.
Vicente también estaba atónito y le articuló unas palabras en silencio a Bianca: —¿Qué clase de persona extraña es esta?
Bianca apretó los labios y desvió la mirada hacia Damián Figueroa.
Damián mantenía una expresión serena, como si estuviera completamente de acuerdo con la actitud de Melisa.
Tal vez, pensó Bianca, Melisa realmente tenía una habilidad extraordinaria. Al fin y al cabo, postularse como pupila de alguien también implicaba impresionar con talentos inusuales.
Esa confianza desbordante podía sumar puntos a su favor.
Bianca la observó con total seriedad; en sus ojos no había ni una pizca de desprecio ni exceso de confianza.
En ese momento, Damián, que siempre estaba ocupado, recibió una llamada de trabajo urgente y tuvo que salir.
Antes de retirarse, miró a Melisa.
—¿Estarás bien sola? —preguntó.
—Claro, no hay problema. Ve a atender tus asuntos, te buscaré más tarde —respondió ella con una sonrisa.
Con eso, Damián se despidió del profesor con una inclinación de cabeza y salió del despacho.
Todos los presentes notaron el detalle.
Y Damián, al salir, ni siquiera volteó a ver a Bianca. Fue como si ella fuera invisible, como si fueran dos completos extraños.

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