Aquellas palabras sonaban sumamente arrogantes.
Xavier Soler simplemente asintió y no dijo más, consciente de que, en efecto, Melisa Serrano era brillante y tenía derecho a presumir un poco.
—¿De qué platican? —preguntó Damián Figueroa, acercándose en ese momento junto a Lorenzo Valdés.
Melisa lo recibió con una sonrisa deslumbrante y, con total naturalidad, se colgó de su brazo.
—Xavier me estaba dando ánimos —respondió ella.
Xavier hizo una leve pausa y miró a Damián.
—Ustedes adelántense, yo tengo algunos asuntos que atender —les dijo.
—¿No vienes con nosotros? —preguntó Melisa.
—No —respondió Xavier secamente. Le dio un breve asentimiento a Damián, dio media vuelta y se marchó.
Su intención real era ir a buscar a Bianca Núñez. Quería hablarle sobre la asignación de recursos y preguntarle si estaba dispuesta a aprender más.
Las capacidades de Melisa eran abrumadoras y su ingreso como discípula de Sergio Salazar parecía un hecho inminente. Cuando eso sucediera, la ventaja sobre Bianca sería inalcanzable.
Melisa notó que la actitud de Xavier hacia ella había sido un poco distante en los últimos días, pero no se molestó. Sabía que había razones justificadas para ello, de lo contrario, él jamás la trataría así.
—Melisa, estaré esperando tus buenas noticias —intervino Lorenzo—. Ya hasta mandé pedir tu regalo de celebración.
Melisa mostró una sonrisa rebosante de seguridad.
—Claro, no te voy a decepcionar —aseguró.
Sin embargo, Melisa jamás imaginó lo que encontraría al subir.
Ahí estaba Bianca. Resultaba inconcebible que también estuviera presente en un lugar tan exclusivo e importante como el despacho privado del profesor.
Estaba sentada junto a la ventana, relajada y serena, como si fuera una invitada de honor.
Melisa enarcó una ceja y desvió la mirada con indiferencia. Le pareció ridículo que Bianca anduviera mendigando atención en todos lados.
Estaba segura de que no tenía talento alguno y de que solo le gustaba aparentar; si no fuera por el respaldo de Vicente Ávila, jamás tendría el privilegio de estar en la misma habitación que una eminencia como el Profesor Salazar.

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