Bianca intentó soltarse de inmediato, pero Damián, como si hubiera anticipado su reacción, apretó el agarre con firmeza.
Ella frunció el ceño con indignación.
—Tú...
—Tu cuerpo se ha recuperado perfectamente —la interrumpió él, sin aflojar la mano ni un milímetro—.
Si no sabes cómo manejar esta situación, déjamelo a mí. Tu único trabajo es cooperar.
Hizo una pausa, bajó la mirada y la observó con una intensidad oscura y calculalora.
—El corazón de la abuela no resistirá otro disgusto. No olvides que la familia Núñez, y todos tus parientes, incluyéndote a ti, le deben la vida a la bondad de mi abuela.
La amenaza velada era clara: no olvides a quién le debes favores.
Bianca sintió un escalofrío al recordar la deuda millonaria que ahogaba a su familia tras la quiebra, a su padre, Leonardo Núñez, postrado en una cama del Centro Médico Figueroa, y a su hermano, cumpliendo condena en prisión a cambio de una reducción de pena.
Cerró los ojos con fuerza y dejó de forcejear.
Damián, por supuesto, no pasó por alto su rendición. Sintió cómo la mano que sostenía dejaba de luchar y se volvía dócil.
Tras unos segundos de pesado silencio, murmuró:
—No te estoy amenazando. Solo te pido que seas razonable. ¿De acuerdo?
El rostro de Bianca se volvió de hielo.
—Sé perfectamente que mi familia le debe mucho a los Figueroa. Cuando nos divorciemos, no exigiré ni un solo centavo. Haré una lista detallada, convertiré en dinero todo lo que ustedes me han dado y se los pagaré hasta el último peso. Puedes estar tranquilo, no seré una carga para ti.
Damián la escuchó en silencio, sin apartar la mirada. Cuando ella terminó de hablar, él simplemente desvió los ojos y respondió con total indiferencia:
—Haz lo que quieras.
La abuela sonrió radiante al verlos regresar tomados de la mano y leer los excelentes resultados de los exámenes médicos.
—La salud de Bianca está en perfectas condiciones. Díganme de una buena vez, ¿cuándo piensan empezar a buscar el bebé? Se los repito: en la familia Figueroa no nos importa si es niño o niña. El imperio está ahí; quien demuestre ser capaz, tomará las riendas. Lo dejaré todo estipulado en mi testamento. Y tú, Damián, me prometes que vas a apoyar y guiar a ese niño con todo tu poder, incluso si tenemos que firmar un contrato para garantizarlo. ¿Verdad? —presionó la anciana.
Damián asintió sin dudar.
—Se lo prometo.
Esa simple afirmación hizo que Bianca girara el rostro para mirarlo.
El que ama al perro, ama sus pulgas.
Damián, por amor a Melisa, era capaz de mover cielo y tierra para levantar a la familia Serrano, dándoles recursos y proyectos multimillonarios sin parpadear.
Ahora decía que apoyaría al bebé, y aunque fuera verdad, Bianca sabía que si el día de mañana Melisa tenía un hijo —sobre todo si era varón—, todos los recursos y el poder de Damián se desviarían hacia él.
Las intrigas de las familias ricas eran un abismo oscuro. Para cuando eso pasara, la abuela quizás ya no estaría viva. E incluso si lo estuviera, ni siquiera ahora podía controlar completamente a su nieto, mucho menos en el futuro.

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