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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 384

—Así es como debe verse un verdadero matrimonio... Te lo dije, en la relación de pareja, el hombre tiene que tomar la iniciativa. Si la mujer es la que siempre cede, ¡el hombre no valora nada! Hay que presionar a Damián para que trate a su esposa como a una reina.

Justo cuando Bianca intentó soltarse, Damián apretó su agarre con firmeza.

Ella se sobresaltó y lo miró de reojo.

Con su metro noventa, él la superaba ampliamente en estatura.

Al alzar la vista, solo pudo ver su perfil inexpresivo mientras les daba indicaciones a los doctores.

—Mi esposa tuvo una pérdida hace un tiempo. Háganle un chequeo de rutina, pero su bienestar físico es la prioridad absoluta.

El médico a cargo miró a Bianca con respeto.

—Señora, ¿cuánto tiempo ha pasado exactamente desde su pérdida?

La mentira había comenzado el día que Romeo Paredes la empujó. En ese entonces anunció el aborto, aunque el bebé seguía vivo dentro de ella.

Pero, ¿cuánto tiempo había pasado realmente desde aquel día?

Bianca frunció el ceño, dudando.

Damián le lanzó una mirada rápida y respondió con un tono completamente frío y preciso:

—Cinco meses y veintiocho días. Casi medio año.

Bianca sintió una sacudida de asombro. ¿Cómo era posible que él recordara la fecha exacta?

Damián bajó la mirada, con voz serena, le dio un suave y fingido apretón de manos para calmarla antes de soltarla por fin.

—¿Quieres que entre contigo o prefieres que te espere aquí afuera?

Bianca no estaba segura de si en este examen podrían descubrir que sí había dado a luz. Con los avances médicos actuales, y sobre todo con los equipos de élite del Centro Médico Figueroa, no quería arriesgarse a una sorpresa.

Además, sabía perfectamente que Damián no lo hacía por cariño; todo era una brillante actuación para las cámaras de la abuela.

—No hace falta. Entraré sola —respondió, cortante.

Pensó que él daría media vuelta y regresaría al sofá de la sala, pero él se cruzó de brazos.

—Bien. Te esperaré aquí afuera. Si necesitas algo, solo grita mi nombre.

Bianca ni siquiera lo miró y entró en la habitación.

Pasó un largo rato antes de que el médico principal se acercara a ella.

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