*"Es increíble. Hermosa e intelectual. ¡La sociedad necesita mujeres como ella para guiarnos! ¡Es el verdadero ejemplo de la mujer independiente!"*
Bianca apartó la vista, pero a Clara le dio náuseas leer todo eso.
—La carta del "apoyo femenino" sí que le funciona. ¡Una amante lucrándose de la bandera del empoderamiento! ¡Qué clase de mujer que respeta a otras mujeres se mete con el marido de otra! —Clara bloqueó de inmediato el perfil de Melisa.
Bianca no mostró ninguna emoción particular.
Pero a Clara le carcomía la curiosidad.
—¿De verdad crees que pueda con tanto? Hace investigación científica y además graba programas... Cuando yo era su fan, también leía que era un prodigio en cualquier área que tocara.
Bianca no tenía idea y tampoco le interesaba hablar a espaldas de los demás. Al ver que el ascensor ya llegaba, le recordó:
—Ya vete. Deberíamos enfocarnos en nosotras mismas y en crecer. La vida de los demás es problema de ellos, no nos afecta en nada si les va bien o mal.
Clara siempre había admirado la actitud zen de Bianca. A pesar de todo el ruido exterior, ella solo se concentraba en sus propias metas.
Una persona así era la que verdaderamente representaba la independencia.
No como Melisa, que se llenaba la boca hablando de libertad, pero a la primera de cambio usaba a sus amantes poderosos para obtener ventajas.
Qué tremenda hipocresía.
❀
Bianca cenó algo rápido y se sumergió en el trabajo.
La inspiración fluía y sus dedos volaban sobre el teclado, armando la estructura con una rapidez y fluidez asombrosas.
Incluso logró deducir varios procesos complejos, encontrando soluciones brillantes para la futura colaboración con el Grupo Soler.
Cerca de las diez de la noche, Bianca ya había terminado gran parte de sus tareas. Sintiéndose agotada, decidió apoyar la cabeza sobre el escritorio para cerrar los ojos unos minutos.
Medio dormida, escuchó unos pasos suaves entrando en la oficina, como si la persona temiera despertarla.
Sintió que le colocaban un abrigo grueso y pesado sobre los hombros, pero estaba tan cansada que no abrió los ojos.
No supo cuánto tiempo pasó hasta que el sonido de alguien pasando las páginas de un documento rompió el silencio de la enorme oficina.
Bianca abrió los ojos. Lo primero que notó fue un elegante abrigo gris de lana sobre ella, que desprendía un limpio y varonil aroma a sándalo.

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