Clara fue la primera en verlo y le dio un discreto codazo a Bianca.
Bianca siguió su mirada y observó cómo Damián entraba, se limpiaba las manos de manera impecable y se sentaba a revisar documentos de trabajo.
No mostró ninguna reacción ante el hecho de que ella acababa de tirar a la basura el teléfono que él le había comprado. Actuaba como si no hubiera visto nada.
De hecho, cuando Bianca tuvo dudas técnicas o necesitó que él firmara las autorizaciones, se acercó a su escritorio esperando lo peor...
Clara estaba segura de que él le haría la vida imposible.
Pero no fue así.
Él mantuvo una actitud estrictamente profesional, le señaló las correcciones, firmó donde debía e incluso le recordó que revisara la optimización de los nuevos modelos, preguntándole si tenían personal suficiente.
La respuesta de Bianca fue igual de distante y corporativa.
—Tenemos el personal necesario. Una vez que usemos los recursos del Grupo Figueroa para hacer la estructura base, se la enviaremos al señor Ávila y él se encargará de producir la versión final. A finales de este mes tendremos el primer prototipo.
Damián bajó la mirada hacia los documentos del proyecto y comentó como quien no quiere la cosa:
—Tu jefe también cerró un trato con el Grupo Soler.
No era una pregunta, era una afirmación.
Bianca hizo una breve pausa.
—Esos son asuntos internos de la empresa. Si el Director Figueroa quiere saber más, puede preguntárselo directamente a nuestro director, Vicente Ávila.
Al terminar de hablar, a Bianca le pareció ver una ligerísima sonrisa en los labios del hombre.
No recordaba con cuánta fuerza le había dado la bofetada en aquel restaurante, pero todavía tenía una marca rojiza en la línea de la mandíbula.
—Te quedarás a hacer horas extras esta noche —ordenó Damián poniéndose de pie. Presionó el intercomunicador y le indicó a Esteban—: En cinco minutos, quiero al equipo de tecnología en la sala de juntas número tres.
Antes de irse, miró fijamente a Bianca.

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