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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 329

Bianca ordenó rápido sus documentos y salió junto con Clara para ir al elevador.

Al ver que las puertas estaban a punto de cerrarse, Clara corrió, metió el pie para detenerlas y, sin fijarse quién iba adentro, gritó:

—¡Córrele, Bianca, apúrate!

Bianca llegó trotando. Las puertas se abrieron por completo y ahí estaban Damián y Melisa, completamente solos.

Bianca se congeló en el umbral, dudando si subirse o echarse para atrás.

Las puertas amagaron con volver a cerrarse, pero esta vez, Damián atravesó el brazo para detenerlas.

Mirando a Bianca fijamente, él dio un paso hacia atrás, sin decir una sola palabra.

Melisa endureció sus facciones, también en silencio, pero clavando sus ojos en Bianca.

Con esa invitación silenciosa, Bianca jaló a Clara del brazo y se metieron.

Damián solía usar su ascensor ejecutivo; ella jamás imaginó topárselo en el de los empleados.

Bajar desde el piso 45 hasta la planta baja tomaba su tiempo.

El silencio en el cubículo era sepulcral. Clara se aferró al brazo de Bianca como si su vida dependiera de ello. A fin de cuentas, Damián no era para nada como Vicente.

El Señor Figueroa desprendía un aura gélida y autoritaria, de esas que te hacen sentir que un solo error te puede costar la cabeza. Clara, por su parte, no alcanzaba a comprender qué le había visto Bianca a un hombre tan aterrador.

Al sentir la tensión de su compañera, Bianca le dio unas palmaditas reconfortantes en la mano. De pronto, la voz de Melisa rompió el silencio:

—¿Qué tal les va en su trabajo?

El tonito que usó fue como si fuera la mismísima dueña del negocio, todo patronal y condescendiente.

Clara no tenía ni tantitas ganas de contestar y le dedicó rodar los ojos a escondidas. ¿Una amante que no sabía hacer la o por lo redondo dándose aires de jefa? ¡Habráse visto!

Bianca también la ignoró olímpicamente. Bajó la vista a su celular, que acababa de vibrar, y vio que la madre de Vicente le había enviado un par de videos. Seguramente eran grabaciones de la pequeña Lucía, por lo que prefirió no abrirlos en ese lugar.

Melisa, al ver que la ignoraban de esa forma, frunció el ceño con desprecio, mostrando su irritación.

El reflejo en las puertas cromadas mostraba a Damián mirando a Bianca.

—¿Y tus modales, dónde quedaron? —dijo con calma.

Bianca supo de inmediato que estaba sacando las garras por Melisa.

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