Ahora mismo, Bianca tenía cuatro proyectos de colaboración entre manos. El del gobierno, relacionado con la industria aeroespacial, lo manejaba principalmente bajo su identidad secreta como Aro.
Luego estaban el del abuelo Paredes, el de la empresa de Xavier Soler, y ahora, este nuevo proyecto con Sebastián Salinas.
Afortunadamente, los últimos tres estaban estrechamente relacionados en cuanto a tecnología.
Pero aún así, era trabajo suficiente para mantenerla al límite de sus fuerzas.
—Los del Grupo Figueroa ya activaron el protocolo de traslado. Tienes que presentarte allá hoy mismo —le informó Vicente tras revisar un mensaje de recursos humanos.
—¿Tan pronto? —Bianca miró la hora, frustrada. Tenía planeado ir a ver a la pequeña Lucía.
Vicente asintió.
—Sí, estos trámites suelen moverse rápido, pero parece que ellos tienen especial urgencia. Lucía está en mi casa. Legalmente, tiene el apellido Salazar y ante el mundo es la niña que adoptó tu maestro. Está segura con mi familia, nadie va a sospechar. Podrás ir a verla a plena luz del día siempre que quieras.
Bianca asintió, sintiendo un nudo en la garganta.
Los padres de Vicente habían contratado al mejor equipo de niñeras para cuidar de Lucía. La trataban como a una verdadera princesa.
Los dos ancianos ya ni siquiera salían a pescar o a viajar; se pasaban el día entero en casa adorando a la bebé.
Sabiendo que no podría visitarla en un tiempo, Bianca sacó su teléfono y miró las fotos y videos que había guardado.
La niña aún era muy pequeña, sus ojitos apenas lograban enfocar bien.
Pero en el video, cuando Bianca la levantaba en brazos, la bebé soltaba una risita balbuceante, mostrando sus encías sin dientes en una imagen que derretiría cualquier corazón.
Bianca sintió que no quería irse. Pegó la pantalla a su pecho como si abrazara a la niña.
—Mi niña preciosa —susurró—, mamá va a trabajar muy duro, va a ganar muchísimo dinero para que tengas la mejor vida del mundo. Nunca te va a faltar nada, y nadie podrá pisotearte.
Mientras decía esto, una idea cobró fuerza en su mente.
—Vicente, quiero tomar todos los bienes que Damián me entregó y ponerlos a nombre de Lucía.

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