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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 293

Fue solo un segundo. Luego, Damián asintió con firmeza.

—Acepto.

Se volvió hacia Vicente Ávila y Sebastián Salinas, levantando su copa a modo de brindis.

—Si es una guerrera de élite entrenada por usted mismo, señor Ávila, permítame ponerla a prueba para ver qué tan afilada es, ya que el director Salinas también la recomienda con tanta insistencia.

Hasta ese momento, Bianca no lo había entendido.

La mano de Sebastián Salinas estaba detrás de todo este traslado temporal.

Sebastián levantó su copa, haciéndole un leve gesto a Bianca.

El contrato principal y las cláusulas del traslado se concretaron en ese mismo instante. Damián firmó y selló los documentos ahí mismo.

*¿Tan rápido terminó todo?*

Damián salió del salón junto con Esteban para atender otros asuntos de negocios.

Fue entonces cuando Melisa entró. Lucía una sonrisa impecable, moviéndose con la naturalidad de la dueña del lugar. Saludó a Sebastián y a Vicente con un gesto encantador.

—Ya que la colaboración fluyó tan bien, propongo que busquemos un día para celebrar. Señor Ávila, director Salinas, me encantaría invitarlos a una cena para festejar el inicio del proyecto.

Durante toda su intervención, ignoró por completo a Bianca.

Pero a Bianca no le importó, ni siquiera la notó. En ese momento, su mente estaba repasando todos los detalles del nuevo acuerdo.

Si lograba aprovechar los recursos del Grupo Figueroa, su investigación y desarrollo avanzarían a pasos agigantados. Incluso le permitiría consolidar su propio poder mucho más rápido.

Claro, siempre y cuando nadie intentara jugarle sucio.

Pero aunque intentaran hacerle la vida imposible, no pasaba nada. Damián había firmado las tres condiciones. Si las rompía, tendría que cederle la empresa Victoria Materiales a BN Innovación a modo de compensación.

Sebastián no respondió a la invitación de Melisa, sino que desvió la mirada hacia Vicente.

Vicente, manteniendo su característica sonrisa diplomática, declinó la oferta.

—No es necesario, se lo agradezco. Nosotros somos técnicos, no nos importan mucho las formalidades. En lugar de perder tiempo en cenas, preferimos volver y planear cómo sacar adelante el proyecto. Pero apreciamos el gesto, señorita Serrano.

El rostro de Melisa se tensó y su sonrisa se volvió de hielo.

No podía creer que Vicente Ávila la rechazara una y otra vez, y que ahora hasta le negara una simple cena.

Involuntariamente, sus ojos se clavaron en Bianca.

Bianca ni siquiera le dedicó un segundo para mirarla. Acababa de tener una gran idea y estaba tecleando furiosamente en su teléfono, con la cabeza agachada todo el tiempo.

Al verla así, con la mirada clavada en la pantalla, Melisa apartó los ojos con repulsión.

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