Bianca sentía los ojos arderle por la falta de sueño de los últimos días.
Estando en el baño, sacó un frasco de gotas lubricantes y se aplicó un poco. Mientras salía al pasillo secándose el exceso de líquido con un pañuelo y manteniendo los ojos a medio abrir, una voz arrogante la detuvo en seco:
—¿Estás llorando?
Bianca abrió los ojos por completo y vio a Melisa Serrano mirándola con una expresión de abierta burla.
Para Melisa, la actitud de Bianca era patética.
Por más que intentara jugar a la ejecutiva agresiva, seguía sin conseguir una sola mirada de Damián.
Y ahí estaba, escondiéndose en el baño del club para llorar como una perdedora.
—Bianca, creo que es hora de que tengamos una charla de mujeres —ofreció Melisa, cruzándose de brazos.
—No creo que tengamos absolutamente nada de qué hablar —respondió Bianca con frialdad.
Al ver que Bianca intentaba esquivarla, Melisa la tomó del brazo con fuerza.
—¿Por qué huyes? ¿Tienes miedo? ¿De qué te escondes?
Bianca siempre supo que Melisa vivía en su propio mundo de fantasía. Al verla aferrada a su manga como una garrapata, soltó un suspiro de cansancio:
—Habla. ¿Qué demonios quieres?
Melisa la soltó, mirándola con superioridad.
Mientras Damián negociaba a puerta cerrada con Sebastián Salinas, ella había hecho cuentas.
Si Bianca decidía aplicar las cláusulas de rescisión que acababan de debatir, Melisa tendría que pagar una penalización millonaria de su propio bolsillo. Una suma que ni de broma podía cubrir.
Y aunque pudiera, dársela a Bianca era como dejarse robar en despoblado; la sola idea le enfermaba el estómago.
Tampoco quería ir corriendo a pedirle dinero a Damián para pagar esa deuda.
No quería que él la viera como una cazafortunas más. Quería mantenerse en su pedestal de 'mujer independiente'.
Por lo tanto, la solución estaba en manipular a Bianca.
—Voy a ser brutalmente honesta contigo. Damián no te ama. No importa cuánto intentes sabotearme o humillarme en público, jamás se va a fijar en ti. En lugar de desperdiciar tu energía en esta absurda competencia femenina por un hombre, deberías concentrarte en elevar tu propio intelecto.
Melisa respiró hondo, adoptando un tono de falsa magnanimidad:
—Si de verdad estás dispuesta a madurar y dejar esa actitud tóxica, estoy dispuesta a olvidar lo que pasó allá adentro y ser tu mentora. Me encanta empoderar a mujeres con potencial, siempre y cuando no se rebajen a pisotear a otras mujeres por culpa de sus inseguridades con los hombres. ¿Entiendes lo que te digo?
Bianca se quedó mirándola en silencio por unos largos segundos. De pronto, no pudo evitarlo y soltó una carcajada irónica.
—Creo que tienes los cables muy cruzados, señorita Serrano. Todo lo que dije en esa junta fue estrictamente profesional. Como tu ego no pudo soportar que te expusieran públicamente por tu falta de capacidad técnica, haces lo que mejor sabes hacer: hacerte la víctima y echarle la culpa a los demás en lugar de asumir tu mediocridad. Te daré un consejo gratis: deja de alucinar que el mundo conspira en tu contra.
La voz de Bianca se volvió afilada como el hielo:
—Y deja de proyectar tus complejos en mí inventando que te tengo envidia. Tratar de esconder tu profunda incompetencia señalando a otros ya no te funciona. ¡Búscate un psicólogo y supéralo!

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