En la presidencia del Grupo Figueroa, el abogado Lucas Valdés entró con un reporte en mano.
—Señor Figueroa, logramos rastrear la IP de su esposa. Está en el Instituto de Investigación Médica de la Capital.
—Entendido —respondió Damián, quien acababa de salir de una reunión.
Melisa, que estaba en la oficina presentándole un reporte de vulnerabilidades sobre la filial Huatai, escuchó la conversación y sonrió con malicia.
Ahora todo tenía sentido. Bianca había apagado el celular a propósito para esconderse, y al ver que Damián no salía desesperado a buscarla, se asustó, lo volvió a encender y se fue a meter a un hospital.
El mensaje era claro: «¡Mírenme, estoy enferma! ¡Vengan a rogarme!»
¡Qué teatro tan patético!
Melisa no soportaba la estupidez y los dramas baratos de Bianca.
Pero la sonrisa se le congeló cuando Damián tomó su saco.
—Iré a verla.
Melisa se quedó de piedra.
Aunque, pensándolo bien, era el movimiento lógico. Tenía que ir a verla, de lo contrario, la abuela Figueroa le haría la vida imposible.
—Entonces te espero aquí para terminar de revisar el proyecto de Huatai —dijo Melisa, recuperando la compostura—. Sinceramente, creo que los contratos del equipo de Vicente tienen fallas graves.
Como el enlace del proyecto supuestamente era responsabilidad de Bianca —quien, según Melisa, no entendía absolutamente nada del tema—, se había tomado la molestia de revisar cada cláusula. Estaba convencida de que las ideas de Bianca eran fantasías infantiles.
Prometía tecnologías y rendimientos que ningún equipo en el mundo real podía garantizar. Era vender humo.
«El director Salinas es un ingenuo por dejarse engañar por esa mujer», pensó.
❀
Mientras tanto, en el Instituto de Investigación Médica de la Capital, en el área de obstetricia.
Bianca estaba caminando por los pasillos, un ejercicio recomendado para estimular la recuperación posparto.
Era principios de febrero y el invierno era crudo, pero la calefacción del hospital era lo suficientemente fuerte como para que no tuviera que preocuparse por las corrientes de aire, algo crítico en su cuarentena.
Vicente le había aprobado dos meses de licencia. Durante el primero, tenía prohibido tocar computadoras o celulares; en el segundo mes, solo si era estrictamente necesario, revisaría algunos avances del proyecto.
Bianca decidió bajar al vestíbulo principal para estirar las piernas en un espacio más abierto.
Al abrirse las puertas del ascensor, levantó la mirada y se topó de frente con...
Damián Figueroa.
La última persona en el planeta Tierra que quería ver en ese momento.

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