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Suplícame perdón: La identidad secreta de mi exesposa romance Capítulo 209

Damián regresó a la mesa, echó un vistazo rápido a la copa intocada y le hizo una seña al mesero.

—Cámbiasela por algo caliente.

Esa fugaz muestra de consideración hizo que Bianca apretara los labios y, sin querer, levantara la mirada hacia él.

El mesero regresó con una taza de té humeante y, con la mejor de sus sonrisas, le preguntó:

—Señora, noto por su atuendo que debe estar en recuperación posparto. Tenemos un menú especial de caldos y alimentos para la cuarentena. ¿Desea que le preparemos uno?

El corazón de Bianca dio un vuelco salvaje. Aterrada de que Damián descubriera la existencia de la bebé, se apresuró a desmentirlo.

—No, gracias. No he dado a luz a nadie. Solo estoy un poco enferma y por eso me visto así.

Al pensar en la pequeña Lucía, sola en su incubadora, los ojos se le llenaron de lágrimas.

Pase lo que pase, juró, nunca permitiría que el apellido Figueroa le pusiera las manos encima a su hija.

Justo cuando intentaba analizar la expresión de Damián para saber si había sospechado algo, sus ojos se cruzaron con los del hombre que estaba sentado frente a ella: Romeo Paredes, quien la miraba con una sonrisa cargada de desprecio.

Al hacer contacto visual, Romeo gesticuló exageradamente con los labios, sin emitir sonido: «¡Farsante!»

Sintiéndose seguro por la presencia de Damián, Romeo cruzó los brazos y se recostó en la silla.

—Perdón por la demora, el tráfico estaba pesado —dijo Romeo, dirigiéndose a Damián.

Damián no se molestó en mirarlo, solo asintió secamente.

Romeo y Damián estaban sentados en el mismo lado del reservado. Bianca estaba sola del otro lado de la mesa.

En ese preciso instante, la geometría de la situación dejaba claro su lugar: estaba completamente acorralada en territorio enemigo.

Pero cuando sus ojos volvieron a clavarse en Romeo, el miedo desapareció, tragado por un odio puro y visceral.

¡Si no fuera por este infeliz, Lucía no habría sido arrancada de su vientre tan pronto! ¡Si no fuera por él, su hija no estaría luchando por cada respiro en una caja de cristal!

Por fin entendió por qué Damián Figueroa se había dignado a buscarla.

—Aunque en realidad —continuó Romeo, saboreando cada palabra—, llegué un poco tarde porque me quedé viendo una novela de muy bajo presupuesto. Trata de una mujer patética que no deja de acosar a un hombre que no la soporta. Y como ya no sabe qué hacer para llamar la atención, decide fingir que está enferma de gravedad y se interna en un hospital. Seguro pensó: «Ay, si me ve en una cama, correrá a buscarme desesperado». ¿Y sabes en qué terminó la historia, Damián?

Romeo se inclinó hacia el centro de la mesa, sin apartar los ojos de Bianca.

Capítulo 209 1

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