Damián subió las escaleras y abrió la puerta de la habitación principal, el cuarto donde Bianca solía dormir.
Notó que ella había cerrado con llave los cajones del buró. Damián siempre había respetado la privacidad de su esposa, no tenía el hábito de husmear entre sus cosas, pero se permitió ojear los documentos que descansaban sobre el escritorio.
Eran apuntes sobre biotecnología y manuales especializados. Las anotaciones en los márgenes eran meticulosas; no había un solo detalle importante que ella hubiera pasado por alto. Era evidente que había estudiado hasta la madrugada con una dedicación absoluta.
—¿La señora ha estado durmiendo aquí estos días? —le preguntó al ama de llaves que aguardaba en la puerta.
Era el personal nuevo que él mismo había contratado tras el incidente.
—Sí, señor. Aunque la señora no ha descansado bien. Casi todas las noches se despierta gritando, aterrorizada por pesadillas. A veces grita su nombre... y otras veces despierta llorando y llamando a su mamá. Su apetito también empeoró. A veces me levanto de madrugada y la encuentro sentada frente a la ventana, mirando hacia el camino, esperando a ver si el auto del señor volvía... La señora lo extraña mucho.
El ama de llaves hizo una pausa y añadió en voz baja:
—La señora de verdad lo ama con toda su alma, señor.
Damián se quedó en silencio durante un largo y tenso minuto.
—Ya veo —fue lo único que murmuró.
Dejó los documentos sobre la mesa y no hizo ningún otro comentario.
—¿Desea que intentemos comunicarnos con ella nuevamente? —insistió la mujer—. ¿O quiere que sigamos llamándola durante el día?
Damián dudó un instante antes de responder con frialdad:
—No es necesario. Cuando se canse de su juego, aparecerá por su cuenta.
❀
Bianca despertó al tercer día.
Le tomó varios minutos salir de la neblina del coma y asimilar la realidad de todo lo que había pasado.
Llevó su mano al vientre por instinto. ¡Estaba plano!
Vicente, que acababa de cruzar la puerta con comida en las manos, al ver que intentaba incorporarse de golpe, corrió hacia ella.
—¡No te muevas! ¿Quieres matarte?
Bianca obedeció y se dejó caer en la almohada, pero sus ojos estaban inyectados de pánico.
—Vicente... ¿dónde está mi bebé? ¿Está viva?
Vicente asintió con una sonrisa aliviada.
—Sí, pasó la etapa crítica. Aunque claro, en la incubadora no crece tan rápido como en tu vientre.

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