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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 4016

Eric negó con la cabeza.

—Para nada. No son tontos, y aun si no lo entendieran, el Señor de la Selva se encargaría de hacérselo saber. Solo si comprenden sus intenciones, podrán actuar como él desea.

—Pero no le están haciendo caso —replicó Tesoro—. ¡Todavía quieren erradicar a los del Pozo! Eso es un desafío directo. ¿Acaso ya no le tienen miedo?

Eric arrugó la frente.

—Una vez que te enredas con "esa gente", pierdes todo sentido del miedo o la prudencia.

Ella supo de inmediato que se refería a los creadores del virus de 8ª generación.

Frunció el ceño pensativa.

—Tienes razón. Tienen tanto poder que seguramente le prometieron la luna y las estrellas a los Dorado. Ahora se sienten intocables, como si tuvieran un respaldo que los hiciera superiores al Señor de la Selva.

Eric asintió con gravedad.

—Así es.

—¿Y crees que si los Dorado siguen desafiando la autoridad del Señor de la Selva, él permitirá que sigan existiendo? —quiso saber ella.

—Todos, desde los individuos hasta los gobiernos, tienen un límite. Cuando alguien cruza ese límite, el gobierno es capaz de romper sus propias reglas para destruirlo.

Tesoro apretó los labios y asintió.

—En otras palabras, la Familia Dorado está bailando al borde del abismo.

Apenas terminó la frase, su celular sonó. Era Ledo.

Contestó enseguida:

—¿Sí, Ledo?

—No podía responderte antes —se excusó su hermano—. Acabo de terminar. ¿Quieres que lleve el paquete a la residencia Dorado, o prefieres que los deje en un lugar seguro y vas tú a verlos?

—¿Los tienes a todos?

—A todos menos a Jerónimo Dorado. Cuando fui por él seguía chillando como un condenado. Al verlo sufrir tanto decidí dejarlo ahí. Que se retuerza un rato más.

—Tampoco es que haga falta. Déjalo tranquilo —coincidió ella—. Por cierto, los Dorado piensan que fueron los del Pozo. Hugo Dorado ya fue a buscarles problemas.

Los ojos de Ledo destellaron con astucia.

—¿Creen que fueron ellos?

—Sí. Eric dice que, incluso si no estuvieran tan seguros, igual habrían ido a fastidiar. Anoche los dejamos en ridículo y le van a cobrar esa factura a la Familia del Pozo.

Ledo soltó una carcajada burlona y fría, y tras meditarlo unos segundos, respondió:

—¿Y si los llevo directamente a la residencia Dorado? Así te evitas el viaje. Los meteré en secreto.

Tesoro miró a Eric en busca de aprobación y él asintió.

—Está bien. Ahora cuentan con la protección del Señor de la Selva; aunque los descubran, no podrán hacerles nada. Eso sí, los del Pozo saldrían salpicados, así que es preferible mantenerlo en secreto.

—Tranquilos —dijo Ledo—. No dejaré que se den cuenta.

—¿Están todos inconscientes?

—No.

—Deberías noquearlos o sedarlos. Será más fácil transportarlos.

—Claro. Ustedes no se preocupen, espérenme en la habitación.

Al colgar, Ledo se quedó pensando un instante, con una sonrisa pícara.

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