Hugo, enfurecido, reunió a sus hombres y se dirigió a exigir explicaciones a la Familia del Pozo.
En cuanto puso un pie fuera de la propiedad, Eric se enteró.
Habían instalado en secreto cámaras microscópicas por toda la mansión, lo que les permitía monitorear cada uno de los movimientos de los Dorado.
Eric se acercó a Tesoro.
—¿Aún no sabes nada de Ledo?
En ese momento, Tesoro estaba subida a una escalera, examinando de cerca al Vínculo Umbrío de Aura.
Lo primero que hizo al llegar fue subir a las vigas del techo para inspeccionarlo. En cuanto ella apareció, la criatura abrió los ojos.
Estaba acurrucada en una pequeña grieta de la madera, oculta de cualquier extraño e inalcanzable para cualquiera que intentara capturarla.
Apenas podía mantener los ojos abiertos, luciendo letárgica y agotada.
A Tesoro le asombró encontrarla despierta a esas horas. Bajo circunstancias normales, habría estado dormida hasta el anochecer.
¡La resistencia que tenía el pequeñín a los sedantes era asombrosa!
Al oír la voz de Eric, la chica volteó la cabeza.
—No. ¿Por qué?
Eric no se anduvo con rodeos.
—Los Dorado creen que la Familia del Pozo secuestró a su gente. Hugo Dorado acaba de salir con un buen grupo de hombres, todos enfurecidos, hacia su propiedad para reclamarlos.
Tesoro se quedó de una pieza.
—¿Y cómo llegaron a esa conclusión? ¿Tienen alguna prueba?
—Es imposible que tengan pruebas.
Ledo era el único responsable del secuestro. Los del Pozo no tenían vela en ese entierro; no había manera de incriminarlos.
—Entonces, ¿se presentaron en la propiedad del Pozo a gritar y amenazar sin una sola pista que los respalde? ¿Son unos completos idiotas? —preguntó ella—. No, no me cuadra. Aunque David Dorado no era el más brillante, no toda la familia es estúpida. Sin evidencias firmes, a lo mucho irían a soltar unas cuantas bravuconadas para tantear el terreno. Jamás montarían un espectáculo tan grande ni irían directamente a buscar pelea.
—¿No crees, Eric?
—Puede haber dos razones —analizó Eric—. Una: están tan convencidos de su culpabilidad que, aunque no tengan pruebas, se la juegan exigiéndoles la verdad.
—Dos: no están del todo seguros de que hayan sido ellos, pero quieren descargar su frustración y encontraron la excusa perfecta. Sean culpables o no, ¡están buscando pelea!
—Después de todo, por muy victoriosos que hayan salido anoche, el bochorno que pasaron con David y Jerónimo fue colosal.
—Sea cual sea la razón, el resultado es el mismo: van a causar estragos entre los del Pozo.
Eric asintió.
—Así es.
—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó Tesoro, frunciendo el ceño.
—¿Puedes contactar a Ledo?
—Sí. Lo llamaré.
Al verla en la escalera, Eric temió que pudiera caerse.
—Baja antes de llamar.
—Está bien.
Sacó un poco de comida y se la acercó al Vínculo Umbrío.
—Toma, te la dejo aquí. Trata de comer algo antes de volver a dormir.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...