—Acaba de admitir que ella lo envenenó y nuestra familia no hace nada. ¿Eso les parece normal?
—¡Ni una mierda! ¡Quién sabe cuánto se estarán burlando de nosotros los de afuera! Y para colmo, es la futura señora de la Familia del Pozo. ¿Cómo es que nos dejamos humillar por ella? ¡Es el colmo!
—¡Es indignante! ¡No entiendo cómo el Patriarca Dorado puede soportar este insulto!
Mientras seguían quejándose, Hugo y Horacio Dorado llegaron casi al mismo tiempo.
Apenas se encontraron, Hugo frunció el ceño y preguntó:
—¿Qué diablos pasó anoche? Primero el incidente con David, y luego el de Jerónimo. Se suponía que la ceremonia de apertura era nuestra gran oportunidad para lucirnos, y terminamos siendo el hazmerreír de todos.
Horacio, con todo el cuerpo adolorido y la voz ronca por la furia, exclamó:
—¡Fueron los malditos hermanos Bello! ¡Mierda, ya había dicho que teníamos que matarlos!
Uno de los guardias de la entrada se apresuró hacia ellos.
—¡Don Hugo, Don Horacio! ¡Esa chiquilla de los Bello acaba de regresar!
Hugo enarcó una ceja.
—¿A qué hora?
—Acaba de entrar.
Horacio apretó los dientes, consumido por la rabia.
—¡Qué insolencia! ¡No nos tiene el más mínimo respeto!
Al oír el alboroto, el mayordomo salió a intentar apaciguarlos.
—Por favor, cálmense, patrones. El Patriarca llamó y ordenó estrictamente que nadie tocara a los hermanos Bello.
Horacio soltó un gruñido. Hugo intervino:
—Anoche estuve tan concentrado en el Vínculo Umbrío de Aura que no tuve oportunidad de hablar con el Patriarca. ¿Qué está pasando exactamente?
—Él también está furioso —explicó el mayordomo—, pero no tiene opción. El Señor de la Selva los está protegiendo, así que no podemos hacer ningún movimiento en su contra.
Hugo arrugó la frente.
—¿El Señor de la Selva? ¿Por qué?
El mayordomo negó con la cabeza.
—Aún desconocemos sus motivos, pero la orden fue clara: intocables.
—¡Ah! ¿O sea que nosotros no podemos tocarlos, pero ellos sí pueden atacarnos? ¿Acaso se está poniendo del lado de los del Pozo? —se quejó Hugo.
—Las intenciones del Señor de la Selva son inescrutables.
Horacio explotó.
—¡Inescrutables mis narices! ¡Es un favoritismo descarado! ¡El líder está totalmente parcializado!
Hugo y el mayordomo lo fulminaron con la mirada.
—Don Horacio —advirtió el empleado—, controle su lengua. Las paredes oyen.
Horacio rechinó los dientes, pero bajó el volumen de sus protestas.
—Es la verdad. ¡Es completamente injusto! Esa mocosa hace que nuestra familia sufra un infierno en vida, ¡y nosotros no podemos levantarle un dedo! ¡¿Qué clase de porquería es esta?!
—Vamos adentro. Hablaremos allí —ordenó Hugo.
Mientras entraban a la residencia, Hugo le preguntó al mayordomo:
—¿Cuándo regresará el Patriarca?
—No dio una fecha exacta, pero es seguro que no lo hará en un par de días. Como sabía que estarían indignados, me pidió que le transmitiera un mensaje a usted, Don Hugo.
El hombre entrecerró los ojos con una sonrisa retorcida.
—Es verdad que no podemos ir contra los Bello abiertamente... ¡pero sí contra la Familia del Pozo! En la arena de combate, la vida y la muerte dependen del destino.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...