—¿Y esos encuentros no son básicamente competencias? —preguntó Ledo.
Mateo asintió.
—Lo son. La única diferencia es que no hay un sistema de clasificación ni se entregan trofeos. Oficialmente se trata de exhibiciones amistosas, diseñadas para que los jóvenes admiren las artes de los maestros y aprendan de ellos.
—Pero, entre bastidores, todas las familias se esfuerzan al máximo para ganar. El que pierde termina siendo el blanco de burlas de toda La Selva.
—¿Crees que la Familia del Pozo pueda ganar? —inquirió Ledo.
El rostro de Mateo se ensombreció un poco.
—En el pasado, siempre fuimos los campeones indiscutibles. Pero en los últimos años apenas logramos empates. Mi abuelo siempre dice que mientras las otras familias avanzan, nosotros nos hemos estancado. Y no avanzar es lo mismo que retroceder.
—¿Y qué consecuencias hay si pierden, aparte de las burlas? —quiso saber el joven.
—Afecta directamente el prestigio de la familia. En La Selva, el prestigio lo es todo; quien goza de mayor popularidad, es quien dicta las reglas.
—El Señor de la Selva es la figura más respetada y con mayor autoridad, porque representa al gobierno de nuestro país. Nadie se atreve a desafiarlo, así que su posición no está en disputa.
—El verdadero conflicto está en controlar todo el poder que queda por debajo de él.
—Hace muchos años, la Familia del Pozo era la fuerza suprema. Con el tiempo, el poder se dividió en tres grandes bastiones: los del Pozo en el Distrito Este, los Dorado en el Oeste y la Familia Palma en el Distrito Central. Las tres eran extremadamente poderosas, pero ahora los Dorado llevan la delantera y los del Pozo estamos en la posición más débil.
—Todo emperó cuando la Familia Palma y los Dorado consolidaron su alianza. Con el respaldo de los Palma, los Dorado ganaron un aliado invaluable, y juntos se han encargado de aislar por completo a mi familia.
—Entonces, si te hubieras casado con Cristina Palma, ¿los Dorado estarían en aprietos ahora? —dedujo Ledo.
Mateo frunció el ceño con pesar y asintió.
—Sí.
Ledo le dio una palmada en el hombro.
—Es una pena, pero apoyo tu decisión. ¡Nadie debería sacrificar su felicidad entera por un juego de poderes! Esa chica, Cristina, no es una buena persona y definitivamente no está a tu altura.
—Mi papá y mi abuelo siempre dicen que detrás de un hombre exitoso, hay una mujer excepcional. ¡Si te hubieras enredado con ella, habría sido tu ruina!
Mateo sonrió con gratitud.
—Mi familia perdió una gran oportunidad, pero no me arrepiento.
—El bien siempre triunfa sobre el mal —lo animó Ledo—. Esta crisis es temporal. En cuanto superen este obstáculo, las cosas mejorarán. Además, nos tienes a nosotros. Somos amigos, y en nombre de esa amistad, no nos quedaremos cruzados de brazos.
Conmovido, Mateo murmuró:
—¡Gracias de verdad!
—No hay de qué. El afecto y la lealtad son mutuos. La manera en que tu familia nos trate, será la manera en que los tratemos nosotros. Un corazón sincero a cambio de otro.
Mateo asintió, sintiendo un alivio inmenso.
—Por cierto, ¿la persona que el abuelo le asignó a Tesoro ya se comunicó con ustedes?
—Sí, ya lo hizo —respondió Ledo, volviéndose hacia su hermana—. ¿Te mandó algún mensaje?
Tesoro revisó su teléfono.
—Todavía no, pero estoy al pendiente.
—¿Ya acordaron una hora para verse? —preguntó Mateo.
—Aún no fijamos una hora exacta, pero me aseguró que él se contactaría conmigo.
—¿Sabes algo sobre él?
—Por lo que me contó Don Anselmo, es uno de los guardianes ocultos de la familia. Se llama Braulio del Pozo y es un anciano.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...