—Así es, podemos confirmar que no es de La Selva —aseguró el guardaespaldas.
—¿Amigo o enemigo?
—Aún no podemos determinarlo.
Eric guardó silencio por unos segundos antes de ordenar:
—No hagan ningún movimiento brusco por ahora. Solo vigílenlo para averiguar cuáles son sus intenciones. Y averigüen su identidad lo antes posible.
—¡Entendido!
Tras colgar, Ledo preguntó de inmediato:
—¿Nos están siguiendo?
Dado que siempre estaban rodeados por tres equipos de seguridad —el de la Familia Bello, el de los Enríquez y el de los del Pozo—, sumado a los entrometidos de las familias Dorado y Palma, Ledo sabía que siempre había ojos sobre ellos. Pero identificar a un forastero en medio de todo ese alboroto no era tarea fácil.
Especialmente porque la seguridad de los Bello y los Enríquez rotaba constantemente, y la inclusión de caras nuevas era algo habitual.
—Ha aparecido el Forastero. Mis hombres afirman que viene de fuera, pero aún no sabemos quién es ni qué busca —explicó Eric.
—¿Estás seguro de que no es uno de los hombres de mi papá o del abuelo Anselmo? —dudó Ledo.
—Completamente. Mis hombres están muy seguros.
Ledo murmuró para sí mismo:
—¿Acaso hay un bando en las sombras que no conocemos?
—Ya puse a mis hombres a investigar. Por ahora, nos mantendremos al margen y observaremos —decidió Eric.
Mateo intervino con el ceño fruncido.
—¿Necesitan que la Familia del Pozo mueva algunos hilos?
—Por el momento, no.
—Si cambian de opinión, no duden en decirlo. Conocemos La Selva mejor que nadie.
—Lo tendré en cuenta —agradeció Eric.
El interior del carruaje se sumió en un pesado silencio. Eric estaba abrumado por sus propios tormentos y, aunque intentaba pensar en algún tema de conversación, su mente era un caos.
Ledo y Mateo rompieron el hielo hablando sobre los pormenores del torneo, y Tesoro no tardó en unirse a la charla.
Eric, incapaz de aportar algo, se limitó a escuchar pasivamente mientras su cabeza no dejaba de dar vueltas.
No podía entregar a Tesoro. Jamás le haría daño.
Pero tampoco estaba dispuesto a destruir a los demás...
Si lo que ocurrió en el pasado salía a la luz, el escándalo sería monumental. Destruiría la vida de su padre, de su madre, de su abuelo... e incluso la de su antiguo capitán y sus compañeros de escuadrón.
¡Arrastrarlos a todos a la ruina por culpa de un error suyo sería un destino peor que su propia muerte!
Pero, ¿cómo podía salvarlos a todos? ¿Qué debía hacer?
No supo cuánto tiempo pasó antes de que el teléfono de Tesoro comenzara a sonar.
Ella revisó la pantalla y su rostro se iluminó de inmediato.
—¡Es él!
Contestó rápidamente.
—¿Bueno?
La voz rasposa del anciano resonó del otro lado.
—En diez minutos pasarán por una cueva. Una vez que entren, quédense adentro y detengan el carruaje cerca de la salida.
—Luego, baja sola y camina por el sendero estrecho que está a mano derecha. Te estaré esperando en la ladera del cerro.
—¡De acuerdo! —asintió la niña.
—Debes venir sola —recalcó él.
—Entendido.
Al terminar la llamada, Tesoro les informó:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...