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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3919

Ledo preguntó con cierta inquietud:

—¿Entonces qué planeas hacer?

Lázaro respondió:

—Llegado el momento veremos cómo solucionarlo. Improvisaremos cuando ataque. Al tratar con un Vínculo Umbrío tan letal, no tiene caso planear demasiado; las sorpresas siempre nos ganan.

Ledo se quedó sin palabras.

Lázaro agregó:

—Por ahora tú enfócate en proteger a tu hermana. Del Vínculo Umbrío me encargo yo. Aunque ataque esta noche, lo más seguro es que primero intente ir tras Diego y no busque de inmediato a Tesoro. Pero si creen que las instalaciones de la Familia Dorado no son seguras, pueden salir de la propiedad esta noche y regresar por la mañana.

Ledo negó rotundamente.

—No, esta noche no iremos a ningún lado. Nos quedaremos en la propiedad de los Dorado.

Al fin y al cabo, estaban ahí para usar de cebo a Tesoro y atraer a la criatura, evitando que lastimara a más gente inocente.

Esa noche, no se irían.

Lázaro suspiró.

—Si se niegan a irse, asegúrense de cerrar todas las puertas y ventanas. Manténganse dentro de la habitación a toda costa y eviten salir durante la noche.

Ledo le preguntó con preocupación:

—¿Y tú qué vas a hacer?

Lázaro contestó tranquilo:

—Si las cosas se complican, escaparé. No voy a regalar mi vida. No te preocupes por mí.

Ledo se sintió mucho más aliviado al oír eso. Sí le preocupaba que Lázaro terminara muerto en un intento desesperado, ¡porque todavía no era su hora de morir!

¡Tenía que mantenerse con vida a toda costa!

Aún quedaba el misterio en torno a Ricardo Rojas, y Lázaro era la clave para resolverlo.

Ledo le respondió afirmativamente.

—Qué bueno que lo entiendas. Lo primero es proteger la vida. No olvides que Aura Dorado te está esperando para salvarla, y dudo mucho que quiera ver cómo te mata su propia creación.

Lázaro replicó:

—Lo sé perfectamente. Tú asegúrate de cuidar a tu hermana.

Ledo aceptó y cortó la llamada.

Apenas había colgado, el teléfono sonó de nuevo. Era Eric.

Ledo se apresuró a contestar.

—Dime, Eric.

Eric le informó:

—Hugo, Horacio y David Dorado ya fueron evacuados de la casa. En este momento, en toda la propiedad solo quedamos Lázaro, nosotros, y la servidumbre y los guardaespaldas de la familia.

Ledo soltó un bufido de desdén.

—¿Qué pretenden? ¿Como ya se dieron cuenta de que el Vínculo Umbrío va a atacar, nos van a dejar a nosotros el peso de la batalla?

Eric comentó con sequedad:

—Lo más probable es que se estén muriendo de miedo.

Ledo se cruzó de brazos con desprecio.

—Y luego se preguntan por qué la Familia Dorado jamás pasará de ser unos segundones en La Selva. El bien siempre vence al mal, y los traicioneros cobardes jamás lograrán aferrarse a la cima. Podrán salir victoriosos por un rato, pero nunca alcanzarán la prosperidad eterna.

Eric asintió.

—Mantengamos los ojos abiertos esta noche.

Ledo prometió:

—Me quedaré pegado a Tesoro en todo momento, no dejaré que nada malo le pase. Cuídate tú también.

Eric volvió a asentir y colgó.

Ledo guardó su teléfono y regresó a la habitación de Tesoro. Nada más poner un pie adentro, un fuerte y desagradable hedor golpeó su nariz.

Tesoro le advirtió:

—Ledo, ponte la mascarilla.

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