Ledo respondió:
—No lo sé. Poco después de que Don Anselmo mencionara el Sello del Ánima en la asamblea, recibió un mensaje de texto con la ubicación exacta.
—Anselmo ya investigó de dónde provino: resulta que se mandó desde el teléfono perdido de una persona común, por lo que el dueño original no tiene nada que ver con el robo.
—Sin embargo, no importa quién lo haya robado; lo urgente es recuperar el Sello lo antes posible.
Lázaro asintió, dándole la razón.
—¿En qué lugar está?
Ledo explicó:
—Te envié la ubicación. Como nadie tiene el valor de ir a recogerlo, el deber recaerá en la Familia Dorado. Lo más probable es que el Patriarca Dorado te contacte pronto.
Y tal como Ledo lo predijo, apenas cerró la boca, el teléfono de Lázaro empezó a sonar. Era el Patriarca Dorado.
Al igual que había anticipado Ledo, lo estaba llamando para que él fuera a recoger el Sello del Ánima.
Claro, las tareas ingratas y que, para colmo, implicaban un riesgo de muerte, se las encargaban al que no soportaban.
Lázaro solo soltó un “ajá” seco y le colgó.
Luego, se dirigió a Ledo:
—Yo me encargaré de recuperar el Sello del Ánima. Quédense cerca de Tesoro y protéjanla bien. Si algún miembro de la Familia Dorado intenta sobrepasarse, no duden en defenderse; con que los dejen respirando, basta.
Ledo, quien tampoco deseaba separarse de su hermana, asintió.
—Ve con cuidado. Mantenme informado.
Lázaro asintió y se marchó.
No bien hubo dado unos cuantos pasos fuera de las instalaciones, un grupo de guardias encubiertos intentó causar problemas.
Los de la Familia Dorado no se habían atrevido a moverse mientras Lázaro estuvo allí porque temían su inmenso poder. Pero una vez que desapareció, la valentía regresó a sus cuerpos.
Ledo no tenía paciencia para rodeos. Fue directo hacia el cabecilla y lo inmovilizó de un solo movimiento. Tomó una cuerda gruesa que estaba tirada cerca, lo ató como a un cerdo y lo dejó colgado de la rama de un árbol.
¡Una perfecta advertencia para los demás!
Al ver esto, el resto de los guardias se quedó petrificado, incapaz de dar un solo paso.
Con esa sola acción, Ledo dejó en claro su abrumadora fuerza. El golpe no fue letal, pero la humillación fue devastadora; cualquiera que buscara pelea, lo que estaría buscando en realidad era la muerte.
Por el resto de la tarde, Ledo y Eric hicieron guardia en la entrada de la base subterránea, y no hubo un solo miembro de la Familia Dorado que se atreviera a entrar a interrumpir el trabajo de Tesoro.
El tiempo transcurrió sin mayores incidentes hasta que el sol comenzó a ocultarse. Fue entonces cuando Eric habló:
—Ya es hora de irnos.
Ledo entendió el mensaje.
—Ve por ella. Yo vigilaré la puerta hasta que salgan.
Eric asintió y descendió al sótano.
Tesoro todavía seguía absorta en su trabajo. Justo cuando Eric iba a acercarse, ella soltó de pronto: —¡No te muevas!
Casi al mismo tiempo, una pequeña sombra oscura cayó justo frente a los ojos de Eric.
Al bajar la vista, notó que era una criatura venenosa con la forma de una mariposa negra.
Tesoro corrió hacia él, atrapó a la mariposa negra en el aire y la encerró rápidamente en una cajita de cristal. Saltaba de felicidad.
—¡Llevo media tarde buscándola! Se había escondido tan bien que no quería salir. Si no hubiera intentado atacarte, jamás habría logrado atraparla.
Eric se quedó sin palabras. Luego de recomponerse, dijo:
—Ya se metió el sol, tenemos que irnos.
Tesoro asintió conforme.
—Perfecto. De todas formas, ya terminé por hoy.
Se dio la media vuelta, guardó con cuidado sus cajitas en la mochila y subió el cierre.
—Vámonos.
Eric extendió el brazo para tomar la mochila.
—Dámela, yo te la cargo.
Tesoro no se hizo del rogar.
—Toma. Algunos de los que están adentro siguen vivos, pero no tienes por qué preocuparte; ahora mismo están desmayados y no van a despertar pronto.
Eric asintió. Mientras caminaban hacia la salida, le preguntó en tono suave:
—¿Estás muy cansada?
Tesoro sonrió.
—Para nada. ¡Hoy conseguí un gran botín!
Su entusiasmo era contagioso. Eric la miró de reojo con una expresión muy cálida.
—¿Qué clase de botín?
Tesoro respondió con misterio:
—Aún es secreto. Te lo diré cuando consiga mi rata de laboratorio para hacer algunas pruebas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...